20.03.2018

De Lima a Mazamari, toda una experiencia emocional

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En Perú, más de un millón de niños no tiene acceso a la Educación Primaria, pero gracias a la tecnología su situación está empezando a cambiar. Y es que aprendizaje digital de ProFuturo es toda una experiencia, y no sólo para docentes y alumnos, sino también para otras personas partícipes del proyecto.

En esta ocasión, te acercamos la historia de Sonia Babani, andorrana que participó como voluntaria en la implementación de ProFuturo en una escuela en Perú.

En septiembre de 2017, catorce voluntarios de Telefónica y “la Caixa” viajaron a Mazamari -un pequeño pueblo ubicado en la provincia peruana de Junín- integrándose en la Institución Educativa Aldea del Niño Beato Junípero Serra, para desarrollar distintas actividades destinadas a fortalecer las competencias digitales de los profesores, y las niñas y niños de primero a tercer grado.


“Piel de gallina y un nudo en la garganta mientras cruzábamos ese pasillo hasta el auditorio que parecía no tener fin”

 


“Creo que nunca olvidaré esa llamada del 4 de julio, a dos días de irme de vacaciones. Ese día empezó la cuenta atrás de un bonito proyecto que iniciaba con mucha ilusión y ganas.

El viaje desde Lima en un avión del comando conjunto de Perú y el recibimiento en Mazamari en la aldea del Niño Beato Junípero Serra, solo eran un pequeño aperitivo de lo que nos esperaba esas dos semanas allí.

Llegar y ver como los niños nos recibían con ese entusiasmo, aplausos, pancartas… Piel de gallina y un nudo en la garganta mientras cruzábamos ese pasillo hasta el auditorio que parecía no tener fin.

Nuestras labores en la aldea durante esas dos semanas eran básicamente tres: la principal, llevar la maleta de ProFuturo a las aulas de Primaria y a sus profesores; seguido de impartir unos talleres de motivación a los alumnos de Secundaria y, finalmente, acondicionar el aula de idiomas.

El primer día empecé junto a tres compañeras con las clases de motivación. Hacía mucho tiempo que no enseñaba a niños y me costó romper el hielo ante unos alumnos que tenían puesta toda su atención en nosotras, pero gracias a mi compañera Rocío fue todo mucho más fácil.

Durante estas clases les pedimos a los niños que escribieran en un papel sus sueños. En varias ocasiones, se me quebró la voz al leerlos, eran tan profundos, con unos valores tan arraigados a la familia, al reconocimiento, a hacer el bien, a ayudar a los demás, a tener una profesión… Todo era corazón, nada material. Era increíble.


“Los niños se quedaron fascinados cuando les hablé de la nieve y me pidieron que les llevara conmigo”

 


Durante las clases de formación en la plataforma con los niños de Primaria, les enseñamos a utilizar los contenidos digitales de ProFuturo. Todos prestaban atención a todo aquello que era nuevo para ellos, conocer nuestras costumbres, nuestro país… Aprovechando la ocasión, di a conocer el pequeño lugar de donde vengo, Andorra. Los niños se quedaron fascinados cuando les hablé de la nieve y me pidieron que les llevara conmigo. Difícil describir todas esas sensaciones y cómo se me encogía el corazón.

Tanto los alumnos de Primaria como los de Secundaria, cada vez que íbamos a recogerlos a sus aulas para llevarlos al taller, todos nos esperaban con ilusión, aunque no sé para quién era más grande, si para ellos o para nosotros. El sentir que ya formábamos parte de sus vidas diarias, cruzarnos constantemente por la aldea, llamarnos por nuestros nombres o compartir bromas entre todos, son solo algunas de las anécdotas que hemos vivido allí difíciles de resumir.

Todas las tardes teníamos clases con los profesores que se esforzaban por aprender el nuevo sistema de enseñanza, algunos era casi la primera vez que tenían contacto con la tecnología, pero su esfuerzo y agradecimiento hacia nosotros era más que evidente. Y qué decir de la Hermana Hermila y la Hermana Carmen, de la gran labor que hacen en esa aldea… Cómo nos trataron, como si fuéramos sus propios alumnos… Nos han hecho sentir como en casa, no nos ha faltado de nada, pero sobre todo no nos ha faltado amor.

Y no puedo acabar sin mencionar a mis compañeros y nuevos amigos/familia de voluntarios, con los que hemos sido un equipo perfecto, donde las adversidades eran retos que superábamos día a día. No puedo imaginarme estos días con un grupo de personas mejor que el que allí estaba. Nicaragua, Panamá, Uruguay, Perú, España, éramos uno. ¡Cuánto les extraño ya!

Quien piense que en las vacaciones solidarias -aquellas en las que das tus días de vacaciones para realizar voluntariado- no se trabaja, está muy equivocado. Se trabaja mucho y muy duro, pero la ilusión con la que te levantas, esperando ver las caras de esos niños, de los profesores, de tu nueva familia los voluntarios, hace que cada día que pasa te pongas con más orgullo esa camiseta que dice “Yo soy voluntario”.

Pasonki

Paz y Bien