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Emiliana Rodríguez-Morales

Su curiosidad por comprender la mente humana la llevó de los laboratorios de neurociencia a los monasterios del Himalaya y, finalmente, a las aulas. Hoy, Emiliana Rodríguez-Morales trabaja para que la educación socioemocional llegue a más personas, especialmente a quienes tienen menos oportunidades de acceder a ella.

Emiliana Rodríguez Morales

De la física al arte de aprender a vivir

De niña, Emiliana Rodríguez-Morales quería entender cómo funcionaban la mente y las emociones. Su padre era psicólogo y sus conversaciones despertaban más preguntas de las que conseguían responder. Aquella curiosidad la llevó a estudiar Física, convencida de que una formación científica le permitiría explorar el comportamiento humano desde distintas disciplinas.

Su búsqueda pronto trascendió los laboratorios. Tras una estancia en el laboratorio de neurociencia afectiva de Richard Davidson, en la Universidad de Wisconsin, viajó a la India para profundizar en las prácticas contemplativas y el entrenamiento de la mente. Pensaba quedarse unos meses. Se quedó dos años.

Allí descubrió también su vocación educativa. Participó en un proyecto para formar a docentes de monasterios budistas en la enseñanza de las ciencias y el pensamiento crítico. La experiencia le permitió conocer modelos educativos que concedían tanta importancia al desarrollo emocional como al aprendizaje académico.

De regreso a México, contribuyó a crear una organización dedicada a desarrollar programas de educación socioemocional basados en la evidencia científica. Su trayectoria la llevó a participar, en 2017, en el diseño del currículo nacional de educación socioemocional de México, especialmente en el ámbito del autoconocimiento y el entrenamiento de la atención. También cursó un máster en Mente, Cerebro y Educación en la Universidad de Harvard.

En los últimos años ha explorado las posibilidades de la tecnología para ampliar el alcance de estos aprendizajes. Primero, mediante experiencias de realidad virtual en Made for Joy y, más recientemente, a través de Bloom, una iniciativa que desarrolla soluciones tecnológicas para acercar la educación socioemocional a familias, docentes y comunidades con menos recursos.

Actualmente colabora también con el Programa de Florecimiento Humano de la Universidad de Harvard. Su trabajo sigue respondiendo a aquella curiosidad infantil, aunque ahora tiene una dimensión práctica: cómo ayudar a las personas a conocerse mejor, relacionarse de forma saludable y desarrollar una vida plena.

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