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Enseñar en primaria: una formación a la altura del reto

Los maestros de primaria acompañan los aprendizajes que sostendrán toda la educación posterior. Prepararlos para esa responsabilidad exige revisar qué aprenden, cómo practican y con qué apoyos llegan al aula. Un informe del Banco Mundial propone cinco principios para mejorar su formación inicial y examina la investigación y las experiencias que los respaldan.

Por qué hay que revisar la formación de los maestros de primaria

Cuando un estudiante de primaria hace una división delante de su profesor, puede ejecutar los pasos a la perfección y, sin embargo, no entender nada de lo que está haciendo. Para decidir si su alumno está preparado para seguir avanzando o necesita otra explicación, el maestro necesita averiguar si el alumno ha entendido la operación o si solo ha memorizado los pasos. Decisiones como esta forman parte del trabajo cotidiano en primaria. Aprender a tomarlas requiere conocer la materia, entender cómo la aprenden los niños y haber tenido oportunidades de practicar con orientación.

La formación inicial debería proporcionar esa preparación. Sin embargo, el Banco Mundial ha analizado un conjunto de investigaciones que concluyen que algunos docentes terminan sus estudios sin dominar suficientemente las materias que van a enseñar. Otros tienen dificultades para organizar el trabajo en clase o reconocer cuándo un alumno necesita ayuda. Además, lo que aprenden durante la carrera puede quedar lejos de las condiciones que encontrarán en las escuelas: cómo aplicar una metodología en un grupo muy numeroso, por ejemplo, es una cuestión que algunos programas apenas abordan.

Esas dificultades importan especialmente en primaria, donde se aprende a leer, escribir y utilizar las matemáticas. De la adquisición de esas habilidades depende buena parte de lo que los niños podrán aprender después. En escuelas con pocos recursos, contar con un maestro preparado para reconocer una dificultad y responder a ella resulta especialmente necesario.

El informe From Prospective to Prepared Teacher: A Global Study of Initial Teacher Education, publicado recientemente, examina cómo fortalecer esa primera etapa de la carrera docente. Su preocupación pasa por lo que sucede cuando esta preparación queda incompleta: la formación posterior acaba dedicándose a subsanar carencias que los profesores arrastran mientras ya son responsables de una clase.

Algunos países han aumentado el nivel de estudios necesario para ser maestro. Pero exigir un título superior no garantiza, por sí solo, una mejor preparación para enseñar. Por eso, el documento advierte de que también hay que revisar qué se aprende durante esos estudios, cómo se conecta con el trabajo escolar y qué capacidades adquieren quienes los terminan. Sobre esas cuestiones construye sus propuestas.

Formación inicial docente

Once países, problemas compartidos

Las dificultades de la formación docente tienen mucho en común entre países, aunque las condiciones para resolverlas sean distintas. El informe incorpora once estudios nacionales que permiten conocer cómo se han abordado algunos de estos problemas y qué obstáculos han surgido durante las reformas.

Por ejemplo, en Kenia, elevar la nota mínima para acceder a la formación de maestros redujo tanto el número de candidatos que hubo que revertir la decisión. Zambia centró parte de sus esfuerzos en mejorar la preparación para enseñar a leer. Renovó los contenidos a partir de la investigación sobre el aprendizaje de la lectura y los vinculó con los materiales que los futuros docentes utilizarían en las escuelas, incluidos los escritos en lenguas locales. También reforzó la preparación de los formadores.

Ambas experiencias permiten concretar cuestiones que una recomendación general deja abiertas. ¿Cómo elevar los requisitos de acceso sin dejar escuelas sin profesores? ¿Qué necesita cambiar en los estudios para que un maestro aprenda a enseñar mejor la lectura? Los casos describen respuestas y muestran las decisiones que exige ponerlas en marcha.

Para valorar sus fundamentos, la publicación recurre también a la investigación internacional. Conviene distinguir lo que aporta cada fuente: documentar una reforma permite entender cómo se ha aplicado, pero comprobar sus efectos requiere evaluaciones que no siempre están disponibles. El informe reconoce esas lagunas, especialmente en países de ingresos bajos y medios.

Con ese respaldo desigual, la publicación plantea cinco principios para orientar los cambios. Su interés está en reunir decisiones que a menudo se toman por separado y mostrar cómo se condicionan entre sí. Seleccionar candidatos con buenos conocimientos sirve de poco si después apenas tienen oportunidades de aprender a enseñarlos. Ampliar las prácticas exige escuelas capaces de acompañarlos. Esa relación entre las propuestas permite entender qué supondría mejorar la formación más allá de añadir una asignatura o elevar una titulación.

La responsabilidad alcanza a quienes preparan y contratan a los maestros. Si se espera que sepan responder a las dificultades de sus alumnos, su formación debe ofrecerles oportunidades para aprender a hacerlo.

Cinco principios para mejorar la formación inicial

El Banco Mundial propone cinco principios que abordan tanto la preparación de los futuros maestros como las condiciones que necesitan las instituciones para ofrecerla.

Atraer y seleccionar candidatos con potencial

Una carrera que apenas atrae candidatos tiene poco margen para seleccionarlos. Por eso el informe vincula el acceso a la formación con el atractivo de la profesión. Las becas pueden abrir la puerta a quienes no podrían costearse los estudios, pero también cuentan las perspectivas laborales y el reconocimiento de la docencia.

La selección debe valorar capacidades que un examen académico difícilmente recoge. Para conocer cómo se comunica una persona o cómo responde ante una situación escolar hacen falta otros instrumentos. Marruecos, por ejemplo, incorporó una prueba de juicio situacional para valorar habilidades socioemocionales en el acceso a la formación de posgrado.

La exigencia debe atender también a las necesidades de las escuelas. Donde faltan maestros que hablen una lengua local, el informe contempla vías de acceso con formación de refuerzo para candidatos que necesitan mejorar sus conocimientos.

Ofrecer contenidos relevantes con formadores preparados

Un maestro de primaria necesita dominar las materias por encima del nivel que enseñará y comprender las dificultades que entrañan para los niños. El informe propone trabajar ambos aprendizajes juntos, con oportunidades para practicar durante los estudios.

También importa dónde enseñará. Una investigación en once países del África subsahariana encontró que se enseñaban métodos participativos sin explicar cómo aplicarlos en grupos numerosos.

La tecnología puede facilitar el análisis de clases grabadas o el ensayo de habilidades docentes. Pero la accesibilidad necesita ir acompañada de contenidos pertinentes. En Sierra Leona, un estudio con 469 docentes en formación mostró las posibilidades de un asistente de IA mediante WhatsApp en condiciones de baja conectividad. Según recoge el informe, solo el 2 % del contenido generado incorporaba elementos de las lenguas y culturas locales.

Estas exigencias alcanzan a quienes forman a los maestros. El documento reclama oportunidades de desarrollo profesional que les permitan actualizar sus conocimientos y mantener su enseñanza conectada con las escuelas.

Garantizar prácticas escolares de calidad

Entrar en una escuela permite conocer el oficio, pero también puede llevar a reproducir prácticas poco eficaces. El informe recomienda avanzar desde la observación hasta la responsabilidad de enseñar, con comentarios frecuentes que ayuden al estudiante a mejorar.

Ese acompañamiento requiere mentores preparados y tiempo para ejercer la función. Ghana extendió las prácticas a los cuatro años del grado y respaldó el cambio con formación e incentivos para los maestros que recibían a los estudiantes.

En Zambia se organizaron prácticas en escuelas cercanas a los centros de formación, con grupos de cuatro o cinco estudiantes que podían apoyarse entre sí. La proximidad facilitaba la supervisión. La propuesta es convertir la estancia escolar en un aprendizaje guiado, en lugar de confiar en que el futuro maestro se las arregle solo ante una clase.

Coordinar las instituciones implicadas

Si cambia el currículo de primaria, la preparación de los maestros debe cambiar con él. Conseguirlo puede resultar difícil cuando las decisiones dependen de organismos que apenas se comunican.

El Banco Mundial propone una colaboración estable entre las instituciones formadoras y las responsables de la educación escolar. Baréin ofrece un ejemplo: su centro nacional de formación reúne a los estudiantes con quienes los acompañan en la institución y en la escuela. También recoge la opinión de los directores sobre la preparación de los graduados para ajustar los programas.

La relación debe continuar después de la titulación. El apoyo a los principiantes puede revelar dificultades que convendría abordar durante los estudios y ayudar a revisar la formación de las siguientes promociones.

Evaluar y mejorar la calidad de la formación

Para saber qué preparación ofrece un programa hay que examinar lo que sus estudiantes aprenden y son capaces de hacer. El informe recoge un interés creciente por incorporar ese desempeño a la evaluación de las instituciones, junto con sus recursos y requisitos académicos. Chile, por ejemplo, introdujo pruebas diagnósticas y previas a la graduación para orientar mejoras y apoyar la acreditación.

Aprobar estándares tampoco asegura su cumplimiento. Hacen falta datos fiables y organismos capaces de exigir cambios, especialmente donde proliferan centros de baja calidad.

El propio documento reconoce que la evidencia sobre los efectos de la acreditación es limitada. La certificación individual tampoco garantiza mejores resultados del alumnado. Estos mecanismos necesitan, por tanto, una evaluación de su funcionamiento que permita comprobar qué aportan y corregir sus carencias.

Qué exige llevar las propuestas a la práctica

Ampliar las prácticas escolares obliga a encontrar centros que puedan recibir a los estudiantes y dar tiempo a sus maestros para acompañarlos. Elevar los requisitos de acceso exige comprobar si habrá suficientes candidatos y qué apoyos necesitarán para completar los estudios. Cada propuesta compromete recursos y decisiones que van más allá de modificar una norma.

El punto de partida también cambia entre países. Donde faltan maestros, puede ser necesario recurrir temporalmente a vías aceleradas, mientras se fortalece la formación ordinaria. Allí donde muchos docentes ya enseñan sin haber recibido una preparación suficiente, el informe recomienda programas que reconozcan su experiencia y permitan cubrir sus carencias sin imponerles cargas difíciles de asumir.

Para decidir qué funciona hacen falta mejores evaluaciones. El Banco Mundial reclama más investigación sobre los efectos de estas reformas, especialmente en países de ingresos bajos y medios. También propone seguir lo que aprenden los estudiantes durante su formación y cómo se incorporan después a la enseñanza. Esa información permitiría corregir los programas con conocimiento de sus resultados.

La responsabilidad alcanza, por tanto, a quienes preparan y contratan a los maestros. Si se espera que sepan responder a las dificultades de sus alumnos, su formación debe ofrecerles oportunidades para aprender a hacerlo. Convertir esa expectativa en una preparación efectiva es el compromiso que las instituciones necesitan asumir.

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