Con los años, un profesor aprende a reconocer ese momento en que una explicación ha dejado de funcionar y conviene buscar otro camino. Descubre qué preguntas ayudan a entender dónde se ha perdido un alumno y cuándo necesita más tiempo para responder. Ese conocimiento se construye dando clase, probando y revisando lo que ocurre cada día. También puede compartirse: para quien empieza, conversar con un compañero experimentado permite encontrar respuestas a dificultades que hasta entonces solo conocía sobre el papel.
Cuando un docente se marcha, la escuela pierde parte de ese saber acumulado. Conservarlo es una de las preocupaciones de la UNESCO en su publicación sobre la situación del profesorado, elaborada con motivo del Día Mundial de los Docentes de 2026. El documento recoge un dato que da una idea de la magnitud del relevo: el 58 % de la demanda mundial de profesores prevista hasta 2030 corresponderá a la sustitución de quienes salen de la profesión. Más de la mitad de las incorporaciones serán necesarias para cubrir esas salidas, que incluyen las jubilaciones. Junto al esfuerzo por formar a nuevos docentes, los sistemas educativos tienen ante sí la tarea de ofrecer a quienes ya enseñan condiciones que favorezcan su permanencia.
La publicación coincide con el sexagésimo aniversario de la Recomendación de la Organización Internacional del Trabajo y la UNESCO sobre la situación del personal docente, actualmente en revisión. A partir de estadísticas internacionales e investigaciones sobre la profesión, examina cómo influyen el reconocimiento y las condiciones de trabajo en la decisión de seguir enseñando. Sus recomendaciones permiten concretar qué pueden hacer las administraciones educativas y los centros para que los profesores encuentren razones y oportunidades para desarrollar su carrera en las aulas.
La experiencia que una escuela necesita conservar
Un profesor puede seguir mejorando su enseñanza después de diez años de ejercicio. Las investigaciones que recoge la UNESCO sitúan los beneficios de la experiencia más allá de la etapa inicial de aprendizaje del oficio y los relacionan con mejores resultados de los alumnos. Esto da otra dimensión a la permanencia del profesorado: una escuela que conserva a sus docentes puede beneficiarse de un conocimiento que continúa desarrollándose durante buena parte de su carrera.
Ese aprendizaje tiene además una dimensión colectiva. Cuando un profesor experimentado acompaña a alguien que empieza, puede ayudarle a interpretar lo que sucede en clase y a revisar sus decisiones. Para el recién llegado, disponer de ese apoyo supone poder discutir una dificultad con alguien que ha tenido tiempo de conocerla de cerca. La UNESCO recomienda facilitar ese intercambio mediante mentorías y oportunidades de colaboración. Así, la experiencia adquirida en un aula puede contribuir a mejorar la enseñanza en otras y seguir siendo útil cuando su titular se jubile.

Pero ¿qué es lo que hace que los docentes quieran continuar? La publicación presta atención al reconocimiento que perciben. Según la Encuesta Internacional sobre Enseñanza y Aprendizaje de 2024 (TALIS, por sus siglas en inglés), en tres cuartas partes de los países participantes, menos del 40 % del profesorado considera que la sociedad valora su profesión. La encuesta muestra también que quienes se sienten valorados son menos propensos a plantearse dejar la enseñanza en los cinco años siguientes. Esa relación permite entender el reconocimiento como un aspecto relevante de la decisión de quedarse.
La relación entre sentirse valorado y querer seguir enseñando plantea una cuestión que la publicación desarrolla en sus recomendaciones: cómo pueden las instituciones educativas expresar ese reconocimiento en el trabajo cotidiano del profesorado. El salario que recibe un docente o el apoyo que encuentra cuando surgen dificultades influyen en su percepción del valor que se concede a su labor. Actuar sobre esas condiciones permite dar contenido a un reconocimiento que, según los datos anteriores, puede contar en la decisión de permanecer en la profesión.
Qué ayuda a un profesor a quedarse
Las ganas de seguir dando clase se renuevan (o se desgastan) en el día a día. Puede pesar la dificultad de llegar a fin de mes o el desgaste de terminar la jornada con la sensación de haber dejado lo más importante por hacer. También cuenta encontrar apoyo para resolver un problema que parecía desbordante y comprobar que hay posibilidades de avanzar en la profesión. Las recomendaciones de la UNESCO proponen actuar sobre esas experiencias cotidianas mediante decisiones que están en manos de las administraciones educativas y de los propios centros.
Un salario que haga atractiva la profesión
El sueldo influye en la elección de una carrera y en las posibilidades de mantenerse en ella. También expresa el valor que se concede al trabajo docente frente a otras ocupaciones que exigen una preparación similar. En dos de cada cinco países analizados en la ficha, los profesores ganan menos que otros profesionales con cualificaciones comparables. La UNESCO recomienda ofrecer salarios y prestaciones competitivos para atraer candidatos y conservar al profesorado.
En los lugares donde resulta más difícil cubrir las plazas, propone combinar incentivos económicos con mejoras laborales. Perú ofrece un ejemplo: los complementos de hasta el 30 % del salario base para determinados destinos aumentaron las candidaturas a puestos en zonas desatendidas. En Francia, los docentes de primaria que trabajan en centros de educación prioritaria reforzada cuentan con incentivos, una menor carga lectiva y tiempo adicional para actividades profesionales. Estas medidas buscan hacer más atractivos los puestos que requieren un apoyo especial.
Tiempo y recursos para enseñar bien
Una clase necesita preparación. Después llegan la revisión de los trabajos, la evaluación de los avances y las decisiones sobre cómo continuar. La UNESCO recomienda proteger tiempo para esas tareas, para coordinarse con otros profesores y para seguir aprendiendo. Simplificar procedimientos administrativos o compartir materiales puede aliviar la carga de trabajo y facilitar que los docentes dediquen más atención a la enseñanza.
El apoyo que encuentran en el centro también cuenta. Disponer de orientación, atención psicológica y especialistas que ayuden a responder a problemas de conducta permite abordar dificultades que requieren conocimientos y recursos específicos. La publicación propone invertir en estos servicios y en la prevención de la violencia escolar. Un entorno seguro, con materiales adecuados y profesionales a quienes acudir, mejora las condiciones de trabajo y favorece el bienestar del profesorado.
Acompañamiento para empezar y seguir aprendiendo
Al incorporarse a un centro, un profesor se enfrenta a decisiones para las que resulta valioso contar con alguien de referencia. Las mentorías permiten consultar dudas, revisar lo que ha ocurrido en una clase y conocer otras formas de actuar. La UNESCO recomienda reforzar ese acompañamiento y las oportunidades de aprendizaje entre compañeros.
Su utilidad continúa a lo largo de la carrera. Los equipos pueden compartir prácticas, analizar dificultades y elaborar respuestas a partir de la experiencia de sus integrantes. Para que esa colaboración funcione, necesita espacio en la organización del trabajo.
La formación permanente debe responder también a las necesidades que los docentes identifican en su práctica. Según las investigaciones recogidas en la ficha, las oportunidades de aprendizaje accesibles, pertinentes y centradas en el profesorado pueden mejorar la enseñanza y reforzar su capacidad para tomar decisiones profesionales.
Una carrera con posibilidades de crecer
Después de años de ejercicio, ¿qué oportunidades tiene un profesor para avanzar? La falta de perspectivas de progresión aparece entre las preocupaciones del profesorado en distintas regiones. La UNESCO recomienda establecer carreras con posibilidades de desarrollar conocimientos, asumir responsabilidades y obtener reconocimiento por esa evolución.
Conservar a los docentes experimentados permite, además, aprovechar su capacidad para orientar a otros y contribuir al trabajo del centro. Dar espacio a esas funciones puede enriquecer su trayectoria y beneficiar al conjunto del equipo.
La dirección escolar tiene un papel relevante en ese desarrollo. La publicación recoge investigaciones que relacionan una mayor permanencia del profesorado con equipos directivos que apoyan su autonomía, su formación y su participación en las decisiones. Por eso propone preparar y acompañar también a quienes dirigen los centros: su manera de organizar el trabajo influye en las oportunidades que encuentran los profesores para crecer.
Confianza en su criterio y voz en las decisiones
El conocimiento adquirido en las aulas puede mejorar las políticas educativas. Contar con los docentes permite conocer las dificultades de aplicación de una reforma y ajustar las propuestas a las condiciones de los centros. La UNESCO recomienda establecer cauces de participación mediante consultas, diálogo con las organizaciones del profesorado y mecanismos para recoger sus aportaciones.
En Malta, la política Educators as Policy Makers incorpora la participación de los educadores a las distintas etapas de elaboración de políticas. La ficha recoge también experiencias de consulta en Colombia y de implicación docente en una reforma pedagógica en Tamil Nadu, India.
Esa confianza debe tener expresión dentro del aula. Los estándares profesionales pueden establecer expectativas claras sobre la enseñanza y orientar el desarrollo de la carrera. Su diseño necesita preservar el margen de juicio que permite a un profesor adaptar su práctica a sus alumnos. La UNESCO advierte de que una regulación excesivamente prescriptiva puede debilitar esa autonomía y el reconocimiento de la docencia como una profesión especializada.
Qué significa apostar por los docentes
Las medidas que propone la UNESCO necesitan apoyarse unas en otras. Participar en una mentoría requiere tiempo para reunirse y observar clases. Asumir nuevas responsabilidades resulta más atractivo cuando ese trabajo tiene reconocimiento en la carrera. La autonomía para adaptar la enseñanza puede ejercerse mejor cuando hay materiales disponibles y una dirección que respalda las decisiones del profesorado.
Esa relación explica las tres dimensiones con las que la publicación examina la situación docente: el reconocimiento social, el profesional y las condiciones materiales. Un profesor percibe cuánto se valora su trabajo en el salario que recibe, en las oportunidades que encuentra y en el trato que le dispensan las instituciones y la comunidad educativa. Las políticas pueden reforzarse entre sí cuando atienden a esas distintas dimensiones.
La revisión de la Recomendación de 1966 ofrece una oportunidad para actualizar ese compromiso ante las exigencias actuales de la enseñanza. Para las administraciones y los centros, supone examinar qué están pidiendo a sus docentes y con qué apoyos cuentan para responder. De esa correspondencia depende también que puedan imaginar un futuro profesional en las aulas.
Conservar a un buen profesor empieza mucho antes de que se plantee marcharse. Se construye durante los cursos en los que encuentra ayuda, puede mejorar su práctica y siente que su experiencia cuenta. Esa continuidad permite a los centros mantener equipos que conocen a sus alumnos y comparten lo aprendido con quienes llegan. Las recomendaciones de la UNESCO sitúan ahí una responsabilidad de la política educativa: crear condiciones para que los docentes puedan enseñar bien durante una carrera que les ofrezca perspectivas de desarrollo y una vida laboral satisfactoria. La escuela conserva así un conocimiento del que depende su capacidad para mejorar.