27.11.2019

¿Cómo puede ayudar la tecnología a mantener viva la cultura de los kambeba en el Amazonas?

La educación corre por mis venas desde que tengo memoria. Soy Raimundo Cruz da Silva, director de la Escuela Indígena Municipal Kanata T-Ykua. Empecé a compartir mis conocimientos a los 14 años y nunca me he imaginado haciendo otra cosa. Pertenezco a la etnia kambeba, que desempeñó un papel importantísimo en la historia de la Amazonia y que llegó a considerarse extinta en el siglo XX. A raíz del movimiento indígena de los años ochenta, mi pueblo comenzó a afirmarse otra vez como indígena y a luchar por sus derechos. Yo crecí en ese momento histórico: entré en el movimiento a los 11 años. Mis padres, Diamantina y Waldemir, fundaron en 1991 la comunidad Três Unidos, en el bajo río Negro, a orillas del río Cuieiras en el Amazonas. Se trata de una de las cinco comunidades que albergan a los 1500 indios kambeba residentes en Brasil. Mis padres dejaron la gran ciudad en pos de la salud y la educación de su pueblo.

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Nuestra comunidad creció rápidamente. En 1993, había más de 30 niños y niñas. Hacía falta alfabetizar, instruir, pero no teníamos ni escuela ni profesores. Entonces, mi padre, que era tuxaua —la máxima autoridad política y religiosa de la comunidad—, pensó en mí.

Por aquel entonces ya me interesaban mucho la historia y la lengua kambeba. Me pasaba el día entero en casa de mi abuelo; con él y con mi abuela fui aprendiendo la lengua, las costumbres y las tradiciones de nuestro pueblo. ¡Solo volvía a casa para dormir! La idea de mi padre me gustó. Cuando la oí, pensé: «Voy a revitalizar todo esto».

Al principio, lo hacía todo desde el salón de mi casa. Mi madre cocinaba, limpiaba y hacía todo lo que hiciera falta, y los otros habitantes también ayudaban mucho. Yo solo había estudiado hasta 4º curso, pero ya tenía una idea del tipo de enseñanza que quería ofrecer: un aprendizaje intercultural que combinara nuestros conocimientos tradicionales con las asignaturas del plan de estudios convencional, como matemáticas, portugués, ciencias, etc. Desarrollamos nuestra propia metodología y poco a poco fue tomando forma, ¡hasta el punto de que hoy tenemos la pedagogía propia de la escuela kambeba!

Una pequeña escuela de 50 metros cuadrados

Con el paso del tiempo, el salón de mi madre se nos quedó pequeño. La comunidad se movilizó y construyó una pequeña escuela de 50 metros cuadrados hecha de madera, con dos aulas minúsculas. Sin baño, sin lavabo, sin cocina, sin nada. Mi padre luchaba por mejorar las condiciones con el apoyo de toda la comunidad. Aunque yo ya tenía algo de formación, los gestores públicos eran muy reticentes a confiar en la capacidad de un joven indígena para ser profesor.

En 2013, tras años de lucha, las cosas habían mejorado bastante. El ayuntamiento construyó un nuevo edificio para nuestra escuela, con dos aulas, cuartos de baño, cocina, comedor, sala de informática y todo lo necesario.

En la actualidad, los buenos resultados de nuestros alumnos reflejan nuestro trabajo. Hace años que logramos la meta del 100 % de aprobados, y el desempeño del alumnado en las evaluaciones es excelente. Nuestro método educativo ya ha salido en revistas y en la televisión, e incluso nos visitó un equipo de la Universidad de Columbia para conocer nuestro método de educación bilingüe en portugués y kambeba.

Lo primero que trabajamos en el aula son los conocimientos tradicionales de nuestro pueblo, el conocimiento que los niños tienen de su propia realidad. Después de eso, introducimos el plan de estudios tradicional con las otras asignaturas obligatorias. Las clases son unitarias, con niños y niñas de varios grupos de edad que aprenden jugando, felices. Es una educación intercultural en la que queremos trabajar los conocimientos tradicionales y universales y preparar a los alumnos para el mundo que les espera.

En nuestra escuela hemos desarrollado varios proyectos pedagógicos. Este año, hemos trabajado en un proyecto de cuentacuentos con historias del folclore amazónico como el Boto, la Mãe do mato, el Curupira… Todas esas antiguas historias se transmiten oralmente y acaban cayendo en el olvido, pero los niños necesitan conocerlas.

También les enseñamos a utilizar utensilios de caza y pesca del pueblo indígena. El arco, la cerbatana, el arco y las flechas… Otro proyecto trata sobre las plantas medicinales. Mi madre es una verdadera experta en ese ámbito y elabora todo tipo de medicamentos. Estos conocimientos también corrían el riesgo de caer en el olvido.

Lo del arco y las flechas fue genial. Los niños participaron en un gran proyecto y, al final, entraron en la Selección brasileña de tiro con arco. Decían que harían falta ocho años de práctica para llegar a ese nivel, pero en ocho meses ya lo habían conseguido.

La llegada de ProFuturo

Hoy en día, la Administración entiende mejor nuestro proceso educativo y nuestro planteamiento intercultural. Además, el programa ProFuturo ha supuesto una aportación muy positiva y nos ha dado mucha libertad. Podemos compaginar nuestros conocimientos con los materiales de la plataforma y hemos ganado autonomía para elaborar clases y contenidos diferenciados, adaptados a nuestra lengua, nuestra historia y nuestro pueblo.

Con ProFuturo, hemos conseguido una plataforma donde almacenar nuestras clases, algo fundamental. Gran parte de los conocimientos tradicionales de la educación indígena se transmiten de una generación a otra. Muchas de nuestras bibliotecas vivas ya no están con nosotros, hemos perdido mucho. Sin embargo, ahora y gracias a la plataforma, podemos archivarlo todo para usarlo en el futuro. Podemos reorganizarnos y planificarnos según nuestro propio sistema.

Hoy en día, la escuela ofrece Educación Infantil y el primer ciclo de la Educación Primaria (del 1º al 5º curso). El segundo ciclo y la Educación Secundaria se imparten en otra escuela estatal, que también forma parte de la comunidad, pero no lo gestionamos nosotros. Entretanto, seguimos movilizándonos para ampliar la oferta educativa. Queremos que nuestros niños se formen y, si pueden, que incluso se vayan a estudiar fuera, a la ciudad. Que se vayan para después volver y ayudar a su pueblo.