Aldea del Niño Beato Junípero Serra

27 septiembre 2017

Finaliza la experiencia de Voluntariado ProFuturo en Perú

Ana Lía González, voluntaria de “la Caixa” nos cuenta en primera persona sus días de Voluntariado ProFuturo.

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Catorce voluntarios de las dos compañías impulsoras de ProFuturo viajaron a Mazamari –un pequeño pueblo ubicado en la provincia peruana de Junín– integrándose en la Institución Educativa Aldea del Niño Beato Junípero Serra, para desarrollar distintas actividades destinadas a fortalecer las competencias digitales de los profesores, y las niñas y niños de primero a tercer grado.

En la aldea se encuentran albergados casi 200 niños pertenecientes a las comunidades indígenas ashaninkas, kakintes nomatziguengas. Además, asisten a la escuela alrededor de 700 alumnos. Una comunidad educativa amplia.

Durante esas dos semanas voluntarias y voluntarios trabajaron en dos niveles:

 Con los profesores del centro, introduciéndoles en la herramienta Weclass. Apoyándoles en recabar información para las clases y el trabajo con los alumnos. También se les reforzó en el uso de la herramienta Villaplanet y Oráculo Matemágico, apps creadas por Fundación Telefónica del Perú como herramientas lúdicas que permiten el refuerzo en materias básicas como comunicación y matemáticas.

Con los alumnos, fortalecimiento su uso de las tecnologías, apoyándoles también en el uso Weclass. Y buscando en ellos la motivación y superación permanente.

En primera persona

Ana Lía González (voluntaria de “la Caixa”) nos cuenta en primera persona como fueron esos días de trabajo sobre el terreno en Mazamari, Perú:

Buenos días paz y bien”, así nos recibieron los niños de la Aldea del Niño el día de nuestra llegada, y desde ese día todos los días, una sonrisa en sus rostros nos salía al encuentro con sus efusivos saludos. Demostraba que estaban tan felices de vernos allí como nosotros de ayudarles con la puesta en marcha del proyecto. Ha sido una experiencia extraordinaria, superando toda expectativa imaginada.
De las primeras formaciones que di junto con mis compañeros me emocionó profundamente los férreos valores que los niños tenían a pesar de su situación. El amor a Dios y la familia eran sus pilares en cada frase que tímidamente expresaban. El deseo de crecer con el estudio y las ganas de que su familia les viese salir adelante me sorprendían de cada pequeño con el que hablada. Pero sobre todo ¡las ganas de servir y de ayudar!

A medida que los días pasaban la confianza con los niños, nos permitía que no solo compartiésemos momentos de clases, sino enriquecedoras charlas sobre su cultura y la nuestra. Incluso hemos aprendido Ashaninka: la lengua nativa de muchos de ellos. Una buena anécdota es que Incluso nos animamos a cantar un rap en Ashaninka el día de la despedida.

Ver la cara de emoción cada vez que les decíamos que les tocaba clase con tablet era impagable. Los profesores nos contaban que los niños les preguntaban después cuándo sería la siguiente.


Puedo describir mi estancia como un cinco estrellas de cariño y sonrisas. 
La madre Hermila directora de la aldea nos ha cuidado tanto como a sus niños. Qué mujer más extraordinaria, con cuanto amor lucha día a día para el bienestar de su aldea.
Los días han pasado demasiado veloces entre las clases con los niños y las tardes de formación con los profesores.
Y por supuesto no puedo dejar de hablar de mis compañeros de viaje. Qué equipazo. La Caixa y Telefónica se hicieron uno. El espíritu de cooperación y la adaptación absoluta nos han acompañado en todos estos días. Auténtico espíritu del voluntario, ahora ya auténtico Voluntario Profuturo. Excelentes compañeros. Puedo decir que nos poníamos la camiseta todos los días con orgullo de lucir el “Yo soy voluntario”.

Creo que es un maravilloso proyecto, que lleva a sitios como Mazamari una educación de calidad que de otro modo tardaría mucho en llegar.
Creo que el proyecto es tan estupendo que todo el mundo debería de saber que existe Profuturo.