13.02.2018

Kenia: un viaje con alma

Los periodistas no deben ser los protagonistas de las historias y en este caso tampoco lo serán, pero permítanme que nos acompañen a lo largo de este post en la red.

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  • Sister Mary Owens saludando a las abuelas de Nyumbani Village (Ismael Martínez Sánchez).

    Sister Mary Owens saludando a las abuelas de Nyumbani Village (Ismael Martínez Sánchez).

  • Marian Álvarez con las abuelas de Nyumbani Village.

    Marian Álvarez con las abuelas de Nyumbani Village.

  • Sister Mary Owens saludando.

    Sister Mary Owens saludando.

ProFuturo no son datos, son historias reales de transformación

Cuando el 22 de enero nos encontramos a las cinco de la mañana en el aeropuerto de Barajas un grupo de diez periodistas junto con la directora general de ProFuturo, Sofía Fernández de Mesa, sabíamos que nuestro destino final era Nairobi para, desde allí, adentrarnos en colegios en zonas vulnerables donde ProFuturo tiene desplegada su educación digital desde hace un año. Sabíamos lo que nos íbamos a encontrar sobre el papel, pero en realidad no teníamos ni idea del impacto emocional que causaría en nuestros corazones.

En la breve escala en Ámsterdam, se nos unieron Rosa Bosch, una veterana periodista de raza de La Vanguardia, y Elianne Ros, Directora de Relación con los Medios de Fundación Bancaria ‘la Caixa´.

El grupo siguió creciendo. En Nairobi nos esperaban las dos corresponsales de la Agencia Efe en Kenia, Alba Villén e Irene Escudero, las brasileñas Rhaissa Tolentino y Mónica Souza, ésta última de A Crítica, junto con el fotoperiodista Ismael Martínez. El alma mater de ProFuturo en Kenia, Marian Álvarez, nos recibió con un gran karibu, que significa bienvenidos en swahili. Desde entonces, nuestra respuesta fue, asante sana, muchas gracias en la lengua nacional.   

¿Se imaginan lo que la educación digital puede hacer?

Niños de la HotCourses Primary School (Nyumbani Village) con una de las tabletas en clase (Ismael Martínez Sánchez).
Niños de la HotCourses Primary School (Nyumbani Village) con una de las tabletas en clase (Ismael Martínez Sánchez).

ProFuturo es un programa educativo puesto en marcha por Fundación Telefónica y la Fundación Bancaria “la Caixa” que tiene como misión ofrecer oportunidades reales de futuro a través de una educación digital integral de calidad a niños y niñas de entornos vulnerables de África, Asia y América Latina. Un proyecto que cumple su primera año de vida con una extraordinaria acogida en los 23 países en los que está trabajando y del que se benefician ya 5,6 millones de niños.

Pero, ¿qué son las cifras sino números que, al fin y al cabo, poco o nada nos dicen? ProFuturo no son datos, son historias reales de transformación a través de la educación digital de los niños y niñas. Así, hemos ido descubriendo esas pequeñas-grandes historias de transformación –que empiezan poco a poco a cambiar vidas–, a través de sus protagonistas: los niños, los profesores, las abuelas, los directores de las escuelas, los coordinadores. Algunas de sus ilusiones y de sus conmovedoras e impactantes vivencias vitales han quedado retratadas a través de la mirada los periodistas.

ProFuturo a través de la mira de los periodistas

Nos adentramos con curiosidad, ganas de aprender y la emoción del encuentro con los niños en dos de los 55 colegios que ProFuturo tiene en Kenia: el colegio St. John en Korogocho (Nairobi) y la escuela Hotcourses en Nyumbani Village. Nos dirigimos primero a ésta última, situada a unos130 kilometros de Nairobi, en la región de Kitui. Tras más de tres horas de viaje llegamos a “la aldea de las oportunidades” como la llamó Marta Fernández en un esperanzador reportaje en el diario El País.

Con su tierra roja y sus paneles solares, Nyumbani Village es una extensa ecoaldea que alberga a mil niños huérfanos del sida dirigida por la misionera irlandesa Sister Mary Owens. En el poblado los menores están repartidos en cien casas, al frente de cada una de las cuales se encuentra una abuela-coraje con diez niños a su cargo, sin necesarios vínculos de sangre. En Nyumbani no existe el estigma del repudio y el abandono a causa del VIH. Es un refugio de esperanza a través de la educación.

Rosa Mª Bosch, periodista de La Vanguardia, entrevistando a un joven de Nyumbani Home.
Rosa Mª Bosch, periodista de La Vanguardia, entrevistando a un joven de Nyumbani Home.

En medio de sus tres escuelas, Mwongeli Muskoya, de trece años, le explicó a Rosa Bosh, la comprometida periodista de La Vanguardia, que echa una mano a su abuela en el huerto y cuidando las gallinas después de clase “pero que lo que más le gusta son las ciencias sociales y el inglés”; Y relata Rosa cómo choca ver a Mwongeli magnetizada con la pantalla, completar con soltura los ejercicios de inglés y naturales, sus asignaturas preferidas, y horas más tarde, ya en su casa, soplar agachada en el suelo para encender la hoguera en la que reposa la olla con legumbres para la cena. El profesor Bernard Souza asegura que Mwongeli es una de sus mejoras alumnas.

Rebeca Yanke en el colegio St. John de Korogocho.
Rebeca Yanke en el colegio St. John de Korogocho.

Rebeca Yankee periodista y poeta, armónica y generosa, puente natural entre todo el grupo de periodistas, me señala que nunca había visto tantos niños con tan pocas posibilidades y que le sorprendió cómo viven el aprendizaje en sí mismo. Le ha hecho mella comprobar que, para ellos, “aprender no es un rollo”, lo valoran. Así se lo contaron Kioko Muranzi, 14 años, que quiere ser juez porque “la justicia es necesaria en Kenia”. “Es mejor aprender con la tableta que con un libro porque es más divertido y más fácil”, añade Kioko. Y Stevie Musau, de 9, le dice a Rebeca que va a clase “con más ganas” cuando le “toca usar la tableta”. O Angela Mwongeli, de 13, que quiere ser médica y sostiene que “aprender es la única manera de hacer futuro”.

Rebeca, autora de “Tabletas donde no hay enchufes: la revolución digital llega a la escuela africana”, el elocuente reportaje de portada de PAPEL, el suplemento del diario El Mundo, describe cómo todos los niños quieren llevar las maletas ProFuturo en volandas. Michael Kuzungme y Nicholas Mwongela, coordinador de profesores y coordinador técnico respectivamente en Nyumbani Village, disfrutan explicando cómo cuando comienza la clase digital “los alumnos de otras clases se acercan a las ventanas del aula para ver qué es una tableta. Cuando les toca usarla, están deseando entrar y, si no les avisas de que la clase terminó, ellos seguirían y seguirían… porque saben que sirve para mejorar su futuro”.

Algo similar percibió Marta Fernández al ver cómo Nesta, Faith y Hamid se sientan en la última fila y “todos ellos tienen claro el ritual de la clase: se acercan al maestro para que les entregue la preciada tableta, hacen cola, la recogen y se la llevan con las dos manos, agarrándola cuidadosamente con cierta veneración. Parece que transportaran un polluelo. O un tesoro. Que es lo que es aquí un dispositivo así”.

Estas “Lecciones que se salen de lo habitual en Kenia”, como titula su crónica la corresponsal de la Agencia EFE en Kenia, la benjamina del grupo Irene Escudero, tienen la peculiaridad de que, aunque a los profesores los capacitan los coordinadores locales en el uso de la tecnología, en realidad, “a los niños les resulta mucho más fácil cómo se usa la tableta”.

Y, ¿Por qué tabletas en África? Le pregunta Marta, detallista, persuasiva y no menos enérgica a Sister Mary: “Por esto”— le repite, “Porque los niños de África merecen los mismos cuidados, la misma atención médica y la misma educación de calidad que en cualquier parte del mundo”, lo que la enviada especial de La Vanguardia recoge en el título de su reportaje: “Justicia digital para escolares vulnerables en Kenia”. Justicia digital ¡qué gran concepto!

La periodista Ana Gómez Parra, de El Confidencial, con niños del colegio Saint John.
La periodista Ana Gómez Parra, de El Confidencial, con niños del colegio Saint John.

Y es que, gracias a ProFuturo, “La Kenia más vulnerable estudia con tablet” y “El talento dibuja su futuro con `big data´” tal y como titula en El Confidencial Ana Gómez Parra en una crónica intimista y comprometida como su autora. Su gran protagonista es John Kioko, un maestro satisfecho con su labor, agradecido por la ayuda que recibió en Nyumbani adonde llegó huérfano del sida de la mano de su hermana pequeña. En el poblado le costearon los estudios de maestro de primaria y ahora convertido en profesor donde antes era un chaval con ganas de aprender, devuelve entusiasmado la ayuda que recibió. A sus 24 años Kioko tiene claro que “la educación es el único camino”, le explica a Ana.

Tabletas en el basurero

(Foto: Isabel Durán | Kenia)
(Foto: Isabel Durán | Kenia)

Tras la larga jornada con noche incluida en Nyumbani salimos al alba, cuando el sol comenzaba a asomar tímido y brillante con su halo rojizo en el horizonte. A media mañana la caravana entraba en Korogocho, uno de los asentamientos chabolistas más peligrosos Nairobi, enclavado en el vertedero más grande de Kenia en el que más de 300.000 menores y adultos malviven, gran parte de ellos rebuscando entre la basura algún objeto que vender para sacar apenas algún chelín, mientras los plásticos y otros materiales de todo tipo arden a montones las veinticuatro horas del día dejando regueros de nubes tóxicas interminables en el aire.

“Con este humo muchos días no podemos respirar” le cuenta el adolescente Morgan a Patricia Pereira, reportera de TVE. Morgan es uno de los casi mil niños del colegio St. John de Korogocho.  A Patricia, metódica y afable, le acompaña Santiago Somolinos, el hombre que lo dice todo sin decir apenas palabras, siempre tomando planos con su cámara al hombro, los tejados de chapa, los tenderetes de tela, las cunetas de tierra abarrotadas de botes y objetos polvorientos sacados del vertedero para ver si alguien compra. Un entorno que impactó fuertemente a Patricia, en el que viven los estudiantes del colegio St. John adonde todos quieren ir, con una lista de espera de 200 niños, y en el que el misionero comboniano, Maurizio Binaghi, lucha cada día por el futuro de sus alumnos y no solo educativo.

No en vano, Hawa Adan, de 14 años, que quiere ser abogada, acude al colegio entre casas de hojalata rodeada de ocho compañeros para no ser violada. Hawa, musulmana y la penúltima de ocho hermanos, le revela a Rosa Bosch que vive aterrorizada por la violencia sexual y “más desde que el año pasado violaron a su vecina de trece años” pero ella no se achanta. Eso sí, quiere estudiar el bachillerato fuera de Korogocho.

Lo mismo que le explica a Josefina G. Stegman, enviada especial de ABC, Seline Achieng, una niña de 15 años: “Prefiero estar en el colegio, aquí estoy protegida de la calle y de las violaciones de los chicos”. Josefina, extrovertida, resuelta y desenfadada, tiene retratada en su memoria cómo “en medio de tanta miseria asoma un hilo de esperanza, algo de belleza en el escombro: la educación digital”. En “La tableta, una oportunidad para salir del vertedero”, Josefina relata cómo para Brian Omondi, “un joven de 13 años, de brillante piel negra y tristes ojos de color caramelo, el colegio es un refugio”. Y es que, cuando no está en esta escuela, Brian trabaja buscando plástico en el vertedero.

Marta Fernández © Ismael Martínez Sánchez
Marta Fernández habla con Justus Nyongesa ante la mirada de Asmahan. © Ismael Martínez Sánchez

Entre la espesa nube cancerígena que emana de las montañas de basura y la hostilidad del mundo exterior, el colegio también es una isla donde poder soñar para Asmahan, musulmana y la primera de la clase. A sus doce años se imagina pilotando un avión que la lleve a conocer países que ahora solo puede ver en los libros de la biblioteca de la escuela. Así lo narra en El Pais Marta Fernández en “Tabletas en el Vertedero” donde describe el anhelo de Justus Nyongesa, profesor de matemáticas de Asmahan que quiere que lleguen al colegio muchas más tabletas para cubrir las necesidades de los 750 alumnos deseosos de acudir a las clases de los “teléfonos grandes”.

Belén Tobalina, de La Razón.
Belén Tobalina, de La Razón.

Para Belén Tobalina, ProFuturo es “Emmanuel, el niño que recoge basura y estudia en tablet”. La abierta, risueña y perspicaz enviada especial de La Razón nos descubre al alumno que sacaba una cabeza a sus compañeros, Emmanuel Omukubre. Empezó a ir a clase hace solo un año porque iba todos los días al vertedero a sacar residuos para venderlos. Tuvo la suerte de encontrarse al padre Maurizio en rehabilitación. Emmanuel esnifaba pegamento. Ahora le gusta ir a clase, es bueno con los números y “con la tablet es más fácil”, le confiesa a Belén. Desde entonces procura no faltar más a clase, aunque algunas veces no puede evitarlo porque tiene que ir al vertedero para poder comprar “un libro, un lápiz y cosas para sus hermanos”.

Fotos con alma

Además de Santiago Sotomolinos, en esta aventura al corazón de ProFuturo nos acompañaron grandes periodistas gráficos y audiovisuales que han plasmado sus impresiones en imágenes imborrables.

La vital y entusiasta Alba Villén, corresponsal desde hace dos años de la Agencia EFE en Nairobi, asidua cooperante y voluntaria en Etiopía e India, me cuenta que descubrir cada rincón de Kenia es siempre una lección de humildad, superación e ingenio. En uno de los colegios, Alba no solo se llevó sus historias en la cámara sino un montón de trenzas en la cabeza que le hicieron cuatro niñas. Y no fue la única. Ana Gómez Parra, también salió con su nuevo peinado y la alegría de haber compartido las risas por su pelo con las niñas.

Ramón Sánchez Orense, alias Jean Paul, resultó ser todo un personaje. Atento y dispuesto, es un free-lance apasionado de las historias positivas de África que ha plasmado magistralmente en sus fotografías y documentales para organizaciones humanitarias durante los casi seis años que vivió a caballo entre Ruanda y República Democrática del Congo. En estos días ha demostrado de nuevo su maestría con las fotos que revelan sin filtros el alma de ProFuturo.

Una de las sorpresas del viaje fue el descubrimiento de que, entre nosotros, se encontraba un discreto, pero brillante intérprete de la vida keniana. No en vano el fotoperiodista y filósofo Ismael Martínez, vive en Nairobi desde hace tres años donde prepara su tesina tras finalizar un Máster en Filosofía por la Universidad de Strathmore. Poseedor de una sensibilidad y dominio de la esencia de los orígenes antropológicos de Kenia, Ismael explica con una serenidad y paciencia a prueba de bombas que conceptos como el tiempo -o el sentido de la comunidad y de la identidad—son diferentes al occidental. En estos casos el periodista, como decía Kapuscinci, necesita convertirse en un traductor de culturas.

Para el filósofo del grupo, los integrantes del viaje hemos tenido el optimismo de compartir un periplo con la idea de contar historias con vida. Ismael está convencido de que gracias a la educación hemos podido percibir historias de esperanza más allá de la resignación y de los estereotipos de pobreza y tragedia que siempre son una tentación periodística aparente que se incrusta en nuestras cámaras y libretas.   

El viaje que conmueve, emociona y da esperanza

Nuestra travesía de la mano de ProFuturo en Kenia ha sido especial. Un viaje que deja una huella indeleble, edificante, estimulante. Un recorrido de aprendizaje de nosotros mismos hacia valores que quizás teníamos olvidados. Un trayecto de hermanamiento. Por eso la expedición al corazón de ProFuturo ha conmovido, emocionado y esperanzado a todos los que hemos tenido el privilegio de recorrerlo.

Y todos, sin excepción, nos hemos quedado prendados del el mérito y la fuerza de Sister Mary Owens, responsable de Nyumbani o del padre Maurizio Binaghi, de St. John. De ellos hemos recibido un baño de humanidad y generosidad sin límites encarnados en su obra a través de sus valores y creencias. Ambos, están convencidos de que la educación digital no es un lujo sino un bien de primera necesidad que iguala a los niños de sus colegios con los de Berlín, Londres, Barcelona o Madrid porque les da la oportunidad de recibir la misma educación. Los dos son testigos de que desigualdad y la pobreza solo se resolverán a través de la educación y solo con la colaboración. Y a ello dedican sus vidas.

Todo el equipo en Kenia.
Todo el equipo en Kenia.

En el camino, tuvimos la oportunidad de descubrir también el orgullo que siente el embajador de España en Kenia, Javier García de Biedma, de que sean precisamente dos entidades españolas, Telefónica y La Caixa, las que a través de sus respectivas fundaciones abanderen uno de los proyectos más grandes del mundo de educación digital para los más desfavorecidos. Nos mostró, además, su convencimiento absoluto de que Profuturo supone una gran oportunidad para todos los niños y niñas de África.

Sofía Fernández de Mesa y Rafa Cobo charlando con las maletas de ProFuturo a los lados.
Sofía Fernández de Mesa y Rafa Cobo charlando con las maletas de ProFuturo a los lados.

Tras la mirada los periodistas han estado la incansable, inteligente y cercana para cada uno de ellos Sofía Fernández de Mesa, que lidera el proyecto con mano firme y siempre dispuesta a explicar hasta el más pequeño de los detalles. Con ella, su fiel colaboradora y responsable de ProFuturo en Kenia, Marian Álvarez, entusiasta del país, y comprometida desde hace años con Sister Mary y su gran labor en Nyumbani.

Los estandartes ante los retos e imprevistos que se nos presentaban en el camino fueron Elianne Ros y Rafa Cobo de Fundación Bancaria ‘La Caixa’ y Fundación Telefónica respectivamente. Ambos, resolutivos, acogedores y atentos con todos los miembros de la expedición hicieron fácil y agradable lo difícil. Fue precisamente Rafa, de vuelta en Barajas, quien puso el colofón del viaje. Recogió el testigo de tantas emociones con una propuesta que fue acogida por el grupo con entusiasmo: –“¿Por qué no recogemos los zapatos que se les quedan pequeños prácticamente nuevos de los colegios de nuestros hijos y se los enviamos a los niños de Korogocho?”, preguntó mientras esperábamos la llegada del equipaje. Ahí queda el nuevo reto “Zapatos con niños nuevos” y renovados motivos para continuar la senda de esta primera y apasionante escala en las entrañas de ProFuturo.

Coda: Asante sana a todos mis compañeros de viaje. Y sobre todo asante sana a ProFuturo, a todas las mujeres y hombres que colaboran con el proyecto de manera entusiasta sorteando las dificultades que, créanme son muchas, más de las que seguramente se puedan imaginar. Una gran iniciativa que, sin duda, a medio y largo plazo, sumando alianzas, dará grandes frutos a la Humanidad.

Más fotos del viaje:

  • Isabel Durán, rodeada de niños.

    Isabel Durán, rodeada de niños.

  • Los periodistas enviados © Ismael Martínez Sánchez

    Los periodistas enviados © Ismael Martínez Sánchez

  • La periodista Patricia Pereira y el reportero gráfico Santiago Somolinos, de Televisión Española.

    La periodista Patricia Pereira y el reportero gráfico Santiago Somolinos, de Televisión Española.

  • Josefina G. Stegman, enviada especial de ABC.

    Josefina G. Stegman, enviada especial de ABC.

  • El fotógrafo Ramón Sánchez Orense

    El fotógrafo Ramón Sánchez Orense

  • Sofía Fernández de Mesa, durante una entrevista.

    Sofía Fernández de Mesa, durante una entrevista.

 

 

*Entra en el post Historias desde Kenia para conocer a los protagonistas.

 

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