Ezequiel Molina

Economista del Banco Mundial y experto en políticas públicas, Ezequiel Molina ha convertido la observación de la enseñanza en una herramienta para repensar la política educativa, con un pie en la evidencia y otro en la realidad de las escuelas

Ezequiel Molina

Entender lo que pasa dentro del aula para cambiar lo que pasa fuera

Ezequiel Molina no llegó a la educación desde la pedagogía, sino desde la economía. Formado en la Universidad Nacional de La Plata y con un doctorado en economía política por la Universidad de Princeton, su punto de partida fueron las políticas públicas, la gobernanza y el funcionamiento real de las instituciones.

Ese enfoque se consolidó en el Banco Mundial, donde comenzó trabajando en áreas vinculadas a pobreza y desarrollo, y participó en el Informe sobre el Desarrollo Mundial 2017. Allí se enfrentó a una pregunta que luego trasladaría al ámbito educativo: por qué las políticas no siempre se implementan como se diseñan.

Su entrada en educación se produce en ese cruce. Pero no como un cambio de campo, sino como una extensión de su trabajo: entender cómo funciona uno de los sistemas públicos más complejos. En ese tránsito, el foco se fue estrechando hasta llegar al aula. A lo que hacen los docentes, a cómo enseñan, a qué condiciones determinan su práctica.

Hoy es economista sénior en el Banco Mundial y uno de los referentes en trabajo con docentes y tecnología educativa en América Latina. Ha liderado iniciativas globales como Teach y Coach, diseñadas para observar la enseñanza y mejorar la formación docente en servicio. Su lógica es constante: antes de intervenir, conviene medir con precisión.

Ha trabajado en África, Asia y América Latina, combinando investigación y trabajo de campo con gobiernos. Ha publicado en revistas como el Journal of Economic Perspectives y, más recientemente, ha incorporado a su agenda la inteligencia artificial en educación, liderando pilotos y orientando equipos en su uso.

Su trayectoria apunta en una dirección clara: mejorar la educación pasa, en buena medida, por entender cómo se enseña. Y eso exige mirar de cerca lo que ocurre cada día en el aula.

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