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La educación que queremos en la era de la IA

¿Qué lugar debe ocupar la inteligencia artificial en la escuela? ¿Qué debemos aprender para utilizarla con criterio? ¿Cómo conseguir que sus beneficios lleguen a quienes cuentan con menos recursos? El Marco Conceptual de Inteligencia Artificial en la Educación de ProFuturo propone una visión educativa para orientar estas decisiones, con las relaciones humanas y la igualdad de oportunidades en el centro.

Relaciones humanas, competencias e inclusión: las bases para educar con IA

En el siglo XVI, Montaigne dedicó uno de sus Ensayos, “De la educación de los hijos”, a una inquietud que hoy, cinco siglos después, la escuela sigue sin resolver del todo: cómo conseguir que el conocimiento se convierta en criterio propio. Al filósofo francés le preocupaba una enseñanza que llenara la memoria sin ejercitar el juicio. Aprender exigía hacer algo con lo recibido: examinarlo, discutirlo, incorporarlo al pensamiento hasta poder utilizarlo con autonomía. La inteligencia artificial sitúa esa antigua aspiración en unas condiciones nuevas. Una herramienta puede ofrecer una respuesta bien construida; comprenderla, reconocer sus errores y decidir qué hacer con ella requiere una formación.

El Marco Conceptual de Inteligencia Artificial en la Educación de ProFuturo aborda este escenario desde los fines mismos de la educación. El documento establece una base común para orientar el trabajo del Programa con y sobre la IA en los próximos años. También busca apoyar políticas y prácticas educativas responsables y contribuir a un debate público basado en evidencias. Para ello, su pregunta de partida es qué puede aportar esta tecnología a una educación de calidad y qué condiciones hacen falta para que sus beneficios lleguen a quienes tienen menos oportunidades.

ProFuturo reconoce la capacidad de la IA para apoyar la enseñanza, personalizar el aprendizaje y favorecer el desarrollo de nuevas competencias. Sin embargo, la experiencia de otras tecnologías educativas anteriores impone cautela pues su presencia en las aulas ha ampliado los recursos disponibles, aunque las mejoras han dependido de cómo se integraban en la enseñanza y de la preparación del profesorado. Por eso ProFuturo vincula esas posibilidades a un uso ético, crítico y pedagógicamente intencionado.

Marco IA ProFuturo

Desde esta perspectiva, el Marco recientemente publicado organiza su propuesta en tres pilares: las relaciones humanas que sostienen el aprendizaje, las competencias necesarias para vivir en la era de la IA y una escuela equitativa, inclusiva y sostenible. Con ellos establece los criterios que deben orientar sus decisiones tecnológicas y su contribución a reducir las desigualdades educativas.

Una tecnología nueva en una escuela desigual

¿Cómo incorporar la inteligencia artificial a una escuela donde muchos alumnos aún tienen dificultades para comprender lo que leen? El marco de ProFuturo sitúa las posibilidades de esta tecnología en una realidad educativa con necesidades básicas pendientes. Según las estimaciones de 2022 que recoge, el 70 % de los niños de diez años de países de ingresos bajos y medios no podía leer y comprender un texto sencillo. Esta pobreza de aprendizaje condiciona también la relación con la IA: comprender una respuesta, detectar una contradicción o formular una pregunta requiere capacidades que muchos estudiantes todavía no han podido desarrollar.

El profesorado necesita, a su vez, preparación y apoyo. Entre los docentes que no habían utilizado IA durante los doce meses anteriores a la encuesta TALIS 2024, el 75 % señalaba que carecía de los conocimientos y las competencias necesarios para hacerlo. La formación debe afrontar, además, condiciones de trabajo difíciles y carencias de infraestructura. Incorporar herramientas añade nuevas exigencias a una profesión que necesita tiempo y recursos para atenderlas.

Mientras tanto, el alumnado ya recurre a la IA fuera del aula. El documento recoge que, en siete países europeos, el 48 % de los jóvenes de entre doce y diecisiete años declaró haber utilizado ChatGPT en 2024. Su uso avanza con independencia de que los sistemas educativos hayan establecido orientaciones para acompañarlo.

Ese avance convive con una profunda desigualdad digital. Según los datos de 2025 citados en el marco, unos 2.200 millones de personas seguían sin acceso a internet. Por eso ProFuturo plantea diseñar desde las condiciones de las escuelas con menos recursos: conectividad intermitente, equipos compartidos y necesidades de apoyo docente. Estas realidades explican su apuesta por soluciones que puedan funcionar sin conexión permanente y adaptarse a la infraestructura disponible.

 

El Marco recientemente publicado organiza su propuesta en tres pilares: las relaciones humanas que sostienen el aprendizaje, las competencias necesarias para vivir en la era de la IA y una escuela equitativa, inclusiva y sostenible.

Tres pilares para orientar las decisiones

Ante esta realidad, ProFuturo organiza su propuesta alrededor de tres pilares que deben sostenerse mutuamente.

El primero sitúa las relaciones humanas en el fundamento de la experiencia educativa. Un docente conoce circunstancias del alumno que una plataforma puede ignorar, interpreta sus dificultades y construye la confianza necesaria para que se atreva a preguntar. Su juicio permite decidir si una actividad es adecuada y cómo adaptarla al contexto. La IA puede ayudarle a identificar patrones de aprendizaje, preparar materiales o proporcionar apoyo individualizado. Aprovechar esas posibilidades requiere formación continua, respaldo institucional y reconocimiento profesional.

El marco extiende esa responsabilidad a los equipos directivos, encargados de orientar la incorporación de herramientas y acordar criterios con la comunidad educativa. También reivindica el aprendizaje entre compañeros: discutir una interpretación o resolver juntos un problema forma parte de la educación que propone.

El segundo pilar aborda las competencias para vivir en la era de la IA. ProFuturo adopta el modelo de Educación Cuatridimensional de Charles Fadel, que articula conocimientos, habilidades, carácter y reflexión sobre el propio aprendizaje. Dentro de esa formación, concede especial importancia al lenguaje: leer con atención, argumentar y formular preguntas permite examinar las respuestas de sistemas que se comunican con una fluidez a veces engañosa.

A partir de los marcos internacionales que revisa, el documento identifica seis competencias prioritarias para la educación básica: mantener la autonomía y el juicio crítico; reconocer las implicaciones éticas y los sesgos; comprender los datos y la lógica de los sistemas; verificar la información; crear con IA respetando la autoría y la honestidad académica; y resolver problemas mediante el pensamiento computacional. Se concretan en actividades como contrastar un texto generado automáticamente, detectar estereotipos en imágenes o entrenar un modelo sencillo para clasificar residuos.

El tercer pilar propone una escuela equitativa, inclusiva y sostenible. Exige atender a quienes pueden quedar fuera por su lengua, discapacidad o condiciones materiales, así como examinar los prejuicios que reproducen los datos. Supone también reconocer los costes ambientales de la tecnología. Para las comunidades con conectividad limitada, el marco plantea combinar soluciones que funcionan sin conexión permanente con actividades analógicas que permiten comprender conceptos de IA. La posibilidad de aprender sobre ella debe alcanzar también a quienes todavía carecen de acceso.

Las posibilidades y los retos de la IA, a la luz de la evidencia

¿Cómo se traducen los principios del marco en mejoras para la enseñanza? ProFuturo identifica tres ámbitos en los que la IA puede contribuir al aprendizaje. El primero comienza en la preparación de las clases: ayudar al profesorado a diseñar actividades que incorporen principios de la ciencia del aprendizaje, como la participación activa y la revisión espaciada de los contenidos. El segundo aborda una dificultad cotidiana del aula: ofrecer a estudiantes con necesidades diferentes explicaciones, ejercicios y retroalimentación adaptados a su progreso. El tercero busca favorecer el interés y la motivación mediante materiales que tengan en cuenta sus conocimientos, inquietudes y contexto.

Para examinar estas posibilidades, el documento reúne investigaciones que han evaluado intervenciones educativas con IA. Las utiliza para mostrar qué beneficios se han observado y bajo qué condiciones, reconociendo que la evidencia sobre el impacto de los tutores de IA todavía es limitada. En nueve escuelas de secundaria de Nigeria, por ejemplo, un programa extracurricular obtuvo mejoras de aprendizaje combinando el uso guiado de Microsoft Copilot con orientaciones pedagógicas explícitas y trabajo en parejas. El resultado corresponde a esa experiencia educativa, en la que la herramienta formaba parte de una actividad organizada y acompañada.

En la otra cara de la moneda, otros estudios permiten entender los riesgos y los retos a los que se enfrentan los sistemas educativos a la hora de introducir la IA en las aulas. El primero de ellos tiene que ver con la preservación del pensamiento crítico y el aprendizaje profundo.

Así, en un ensayo de matemáticas en Turquía, quienes practicaron con un chatbot de uso general resolvieron mejor los ejercicios mientras lo tenían disponible, pero rindieron peor al examinarse sin ayuda que quienes habían practicado sin IA. Sin embargo, una versión configurada para orientar sin proporcionar directamente las respuestas evitó ese perjuicio. Estos resultados respaldan un hecho que resulta central para el marco y de la que ya hemos hablado en este Observatorio: el hecho de que completar una tarea con éxito no garantiza haber adquirido los conocimientos necesarios para resolverla de forma autónoma.

Esta preocupación conduce a otra: la integridad académica y el rediseño de la evaluación. El documento propone valorar el razonamiento, el proceso y la autoría mediante proyectos, portafolios o presentaciones orales que permitan conocer cómo ha elaborado el estudiante su trabajo.

Los otros tres retos afectan a las condiciones en las que se ofrece esa ayuda. Garantizar la diversidad cultural y lingüística exige afrontar los errores y los sesgos de sistemas que pueden ignorar las realidades locales. Proteger la seguridad y los datos de los menores requiere criterios de uso y supervisión. Y lograr un acceso equitativo obliga a atender las carencias de conectividad, equipos, formación y apoyo técnico y pedagógico. De estas condiciones depende que las posibilidades descritas puedan convertirse en oportunidades educativas para las comunidades donde trabaja ProFuturo.

Una visión que debe llevarse a la práctica

La visión del marco de inteligencia artificial de ProFuturo se concreta en una estrategia de largo plazo. Para ProFuturo, incorporar la IA supone desarrollar herramientas, preparar a quienes van a utilizarlas y establecer criterios para evaluar sus resultados. Ese trabajo alcanza también a la propia organización, que plantea dotarse de un marco interno para regular la adopción, el uso y la gobernanza de esta tecnología.

Una de sus líneas de innovación es el desarrollo de agentes educativos y asistentes virtuales. El documento los concibe como apoyo al conjunto del ecosistema de aprendizaje: pueden ayudar a docentes, tutores y equipos de acompañamiento a orientar el trabajo, realizar un seguimiento personalizado y tomar decisiones pedagógicas. También pueden resolver dificultades de acceso, navegación o uso de las plataformas. Atender esos obstáculos tiene una finalidad educativa: facilitar que los recursos se utilicen con continuidad y que los usuarios encuentren ayuda cuando la necesitan.

La formación del profesorado ocupa un lugar central en esta estrategia. ProFuturo plantea una oferta de cursos, talleres y comunidades virtuales de aprendizaje que dé prioridad a la reflexión pedagógica. Aprender a manejar una aplicación es parte de esa preparación; decidir cuándo conviene emplearla, examinar sus respuestas y adaptarlas a una clase exige un trabajo profesional más amplio. Las comunidades de aprendizaje permiten compartir ese trabajo, contrastar experiencias y extender innovaciones desarrolladas por los propios docentes.

También hay decisiones que deben tomarse antes de que una herramienta llegue al aula. Aquí, el marco establece como principio diseñar para entornos con conectividad limitada y evaluar la adaptación de cada solución a las lenguas, las culturas y la infraestructura de las comunidades. Propone, además, colaborar con otras instituciones para desarrollar y compartir conocimiento, así como dar prioridad, cuando sea viable, a soluciones de código abierto que contribuyan a evitar dependencias tecnológicas.

El marco deja planteada una responsabilidad que va más allá de ProFuturo. Las decisiones sobre IA también son decisiones sobre qué educación recibe cada alumno: qué apoyos tendrá, qué aprenderá a hacer por sí mismo y quién lo acompañará. Para las escuelas con menos recursos, acceder a nuevas herramientas debe ir unido a contar con docentes preparados y condiciones para utilizarlas con sentido. De cómo se atiendan esas necesidades dependerá que la IA contribuya a reducir las desigualdades que ya existen en la educación.

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