Con más frecuencia de la que desearíamos, las decisiones que afectan al futuro de las sociedades se toman sin consultar a quienes vivirán sus consecuencias de forma más directa: las niñas y los niños. Como no podía ser de otra manera, esto está sucediendo ahora con la inteligencia artificial, una tecnología que impacta en sus vidas cotidianas prácticamente desde que nacen. Esto es así, hasta tal punto, que un estudio reciente de la Universidad de California revela que los niños de entre tres y seis años ya creen que los dispositivos inteligentes tienen pensamientos y sentimientos. Siendo esto así, ¿por qué no están sus voces en el centro de este debate global?
Con este propósito, poner en primer plano estas voces, el pasado mes de febrero se celebró en Reino Unido el primer Children’s AI Summit promovido por The Alan Turing Institute en colaboración con Queen Mary University of London y con el apoyo de empresas como LEGO Group, Elevate Great y EY (Ernst & Young). Esta “cumbre infantil” reunió a más de 200 niños y jóvenes de entre 8 y 18 años que aportaron sus ideas, preocupaciones y sugerencias sobre cómo debería desarrollarse y utilizarse la inteligencia artificial de manera ética y responsable. Estas fueron recogidas en un manifiesto del que el Observatorio quiere hacerse eco.
¿Qué les preocupa?
¿Qué pasa por la mente de un niño cuando oye hablar de inteligencia artificial? ¿Cuáles son sus sueños y sus inquietudes con respecto a la tecnología? Educación, salud, trabajo, medioambiente o inclusión son algunos de los temas en torno a los cuales se articulan sus esperanzas pero también sus preocupaciones. Vamos a verlo.
Educación y brecha digital
Al imaginar el impacto de la IA en la enseñanza, muchas niñas y niños piensan en tutores virtuales que podrían ofrecer ayuda a quienes viven en zonas de difícil acceso o carecen de suficientes docentes. Aarushi, de 15 años, anhela la posibilidad de que cada estudiante reciba orientación individual sin importar su lugar de residencia. En esta visión, la IA brindaría métodos adaptados a necesidades específicas, facilitando la inclusión de niños neurodivergentes mediante traducciones y herramientas personalizadas.
A pesar de estos beneficios, algunos señalan que un uso excesivo de la IA podría reducir la creatividad y la capacidad de resolver problemas. Aananya, de 13 años, se pregunta hasta qué punto la dependencia tecnológica debilitaría la imaginación humana. Al mismo tiempo, aparece el temor de que la desigualdad se acreciente. Mientras algunos hogares cuentan con internet estable y dispositivos modernos, otros no tienen acceso a lo básico. Por eso, Lara, de 17 años, teme que quienes queden al margen de la IA pierdan oportunidades esenciales. Para solucionar esto, niños como Ishrit, de 13 años, proponen planes para mejorar la alfabetización digital y llevar tecnología a comunidades con recursos limitados. Según su perspectiva, no basta con repartir equipos: las escuelas deben integrar la enseñanza de la IA y sus posibles riesgos.
Bienestar y medioambiente
Las niñas y los niños también menciona la protección y el bienestar como áreas donde la IA podría marcar la diferencia. A este respecto, Tejas, de 11 años, propone sistemas que detecten señales de ciberacoso y alerten a padres o maestros, así como aplicaciones que identifiquen síntomas de depresión o ansiedad en la población infantil.
Por su parte, Chekwube, de 16 años, alerta sobre la adicción que pueden generar algunas aplicaciones: desde juegos con recompensas constantes hasta redes sociales que captan la atención de forma prolongada. En su opinión, debiera existir un protocolo que limite el uso indiscriminado de plataformas que afectan las relaciones sociales o la salud mental.
Al hablar del medioambiente, Kartik, de 14 años, recuerda que la IA también tiene un costo ecológico. Aunque se hable de algoritmos digitales, entrenar modelos implica un consumo elevado de energía y, en ciertos lugares, de agua. Aun así, muchos chicos confían en que la misma IA podría servir para responder a la crisis climática, por ejemplo, al predecir desastres naturales o recolectar datos de poblaciones animales en peligro. Aaliyah, de 14 años, propone un sistema global de monitoreo que ayude a las comunidades a tomar medidas oportunas cuando se detecten cambios drásticos en bosques, ríos u océanos.
Futuro laboral y riesgos de automatización
Freddie, de 17 años, tiene especial preocupación por el campo laboral. Conoce casos de adultos que han visto sus empleos reducidos a tareas repetitivas o sustituidas por sistemas automatizados, y se pregunta qué panorama encontrarán quienes estudian hoy, en un escenario donde las máquinas podrían encargarse de gran parte de la producción y los servicios. No solo piensa en fábricas, sino en trabajos de oficina o incluso servicios de reparto. Hugo, de 10 años, añade que las compañías podrían obtener mayores utilidades con la automatización, pero cuestiona si habrá políticas enfocadas en apoyar a las familias que se queden sin fuente de ingresos.
La propuesta de los niños consiste en adoptar enfoques que fortalezcan la colaboración entre personas y máquinas, en lugar de limitarse a reemplazar mano de obra. Ethan, de 16 años, sugiere que las escuelas integren programas de formación que incluyan tanto habilidades tecnológicas como el desarrollo del pensamiento crítico y la empatía. De esa manera, considera que la fuerza laboral futura tendría herramientas para adaptarse a nuevas profesiones, en vez de resignarse a la incertidumbre del desempleo masivo.
Privacidad y ética en la IA
El resguardo de datos personales se ha convertido en tema central. A menudo, los menores conviven con aplicaciones que les piden datos sensibles o registran sus movimientos sin que ellos lo adviertan. Entre los niños, existe preocupación por la privacidad y la posibilidad de que sus datos personales sean recogidos sin consentimiento y caiga en manos equivocadas. Mariyah, de 10 años, se inquieta ante la idea de que las empresas tecnológicas recojan datos sobre sus hábitos en línea y los vendan a terceros sin ningún tipo de regulación.
Muchos niños y niñas exigen que existan reglas claras que limiten la acumulación indiscriminada de datos. De igual manera, desean que los contenidos dirigidos a menores estén sujetos a una moderación seria, ya que algunos algoritmos promueven videos o publicaciones que no siempre son adecuados para su edad. Ante ello, plantean la creación de lineamientos internacionales que protejan a la infancia de la manipulación digital y que obliguen a las plataformas a verificar la idoneidad de lo que se muestra.
La tecnología no es autónoma: está definida por quienes la crean y la regulan. Por eso, la participación de los niños y las niñas no puede ser una anécdota o una mera cortesía.
10 demandas para los líderes mundiales
Pedimos a los líderes mundiales que tomen las siguientes acciones:
- ¡Escuchen a los niños y niñas!
- Consideren las experiencias y necesidades de la infancia en todo el mundo, y establezcan medidas para garantizar que la inteligencia artificial sea segura para ellos, incluyendo restricciones en las redes sociales.
- Monitoreen todos los datos utilizados para entrenar modelos de inteligencia artificial y eliminen aquellos que contengan sesgos o racismo.
- Implementen nuevas leyes que aseguren que la inteligencia artificial se desarrolle y utilice de forma ética.
- Aborden los impactos ambientales de la inteligencia artificial: queremos que la IA funcione con fuentes de energía limpias.
- Promuevan más educación sobre la inteligencia artificial, para que las personas entiendan mejor qué es, cómo funciona, y cómo utilizarla de forma responsable.
- Creen guías y recomendaciones específicas para que las personas, especialmente jóvenes y quienes los cuidan, sepan cómo usar la inteligencia artificial de manera segura y adecuada.
- Exijan que las empresas sean transparentes y honestas sobre cómo utilizan la inteligencia artificial, y aclaren cómo se han desarrollado sus sistemas.
- Aseguren que los sistemas de inteligencia artificial estén protegidos contra hackers y delincuentes.
- Garanticen que todos los niños y niñas tengan la oportunidad de beneficiarse de la inteligencia artificial.
El futuro que imagina la niñez
La visión de la infancia acerca de la IA está muy conectada con la realidad y, en esencia, no difiere demasiado de la de los adultos. Conocen los riesgos de la automatización y la falta de acceso tecnológico, temen la pérdida de creatividad y se inquietan por la privacidad de sus datos. Al mismo tiempo, expresan la esperanza de que la IA refuerce la educación donde faltan maestros, permita detectar a tiempo problemas de salud mental, vigile las amenazas ambientales y abra oportunidades de aprendizaje para quienes viven en regiones apartadas.
La tecnología no es autónoma: está definida por quienes la crean y la regulan. Por eso, la participación de los niños y las niñas no puede ser una anécdota o una mera cortesía. Ellos, que heredarán el mundo, no piden nada inalcanzable: tener la oportunidad de contribuir con su visión al debate en el que se está decidiendo su futuro. ¿Estaremos los adultos a la altura?