¿Qué sabemos realmente y qué nos falta por saber sobre el impacto de la IA en el aprendizaje de los estudiantes? ¿Quién está definiendo hoy las reglas del desarrollo de la inteligencia artificial educativa? ¿Qué necesitan saber los docentes sobre IA para poder usarla adecuadamente en el aula?
La investigadora estadounidense Mary Burns, especialista en tecnología educativa y en formación docente, ha pasado meses analizando el impacto de la IA en la educación junto a la investigadora Rebecca Winthrop, del Brookings Institution. El detonante de esta investigación fue una preocupación compartida. Un patrón familiar. “Durante mucho tiempo vimos algo parecido con las redes sociales”, explica. “Se introdujeron con un enorme optimismo sobre su potencial para democratizar el acceso y conectar a las personas. Solo cuando ya estaban profundamente integradas en la vida de los jóvenes empezamos a entender los daños que también podían generar”. Al observar esta tendencia generalizada, se preguntaron: ¿podría estar ocurriendo algo parecido con la inteligencia artificial en las escuelas?
Burns no es ni mucho menos una tecnófoba. Al contrario: ha trabajado durante décadas en proyectos de tecnología educativa en distintos países. Pero precisamente esa experiencia le ha enseñado que cada innovación trae consigo consecuencias inesperadas. “La tecnología siempre da algo y siempre quita algo”, dice, recordando una idea del crítico cultural Neil Postman. “Por cada beneficio hay también una reacción, a veces muy significativa”. De momento, el saldo sale negativo. Las conclusiones de la investigación indican que, actualmente, los riesgos son mayores que los beneficios.
En esta entrevista, Burns disecciona los resultados de su investigación. Las señales que nos deben preocupar. Por ejemplo, la velocidad de entrada de estas herramientas en las aulas sin regulación específica y sin haber sido diseñadas pensando en el aprendizaje de los estudiantes. También está la cuestión de quién define las reglas del juego. Burns recuerda que gran parte del desarrollo de la inteligencia artificial está hoy en manos de unas pocas empresas tecnológicas globales. O la falta de evidencia sólida sobre los efectos de estas herramientas en el aprendizaje: “Necesitamos mucha más investigación rigurosa”, advierte Burns. “Especialmente sobre cómo interactúan los estudiantes con estas tecnologías y qué efectos tienen a largo plazo”.
Pero Burns también nos habla de las soluciones y de lo que los docentes le han contado que necesitan aprender sobre inteligencia artificial. Porque, como insiste durante la entrevista, el desenlace no está escrito: todavía es posible inclinar la balanza hacia el lado de los beneficios.
En este vídeo podemos ver qué decisiones pueden marcar la diferencia antes de que sea demasiado tarde.


