Director Libre: en busca del tiempo perdido

Tradicionalmente, la mejora del aprendizaje suele ir asociada a una mejora en la formación docente o a la introducción de nuevas herramientas en el aula. Sin embargo, nadie se acuerda nunca de los directores y directoras de escuela, enterrados en burocracia hasta límites insospechados incluso por ellos mismos. Y eso que el liderazgo pedagógico es una de los factores con más peso en el aprendizaje de los estudiantes. En el Banco Mundial se dieron cuenta de todo esto e idearon una metodología a través de la cual enseñan a los directores a usar la inteligencia artificial para hacer un mejor uso de su tiempo. En esta entrevista, nos cuentan cómo lo han hecho y qué resultados les está dando.

Director Libre: en busca del tiempo perdido

Dirigir una escuela debería consistir en mejorar cómo aprenden los estudiantes. Pero no lo es. En la práctica, directoras y directores de escuela consumen el 76% de su jornada laboral en tareas administrativas. Formularios repetidos, reuniones que podrían ser emails o informes que duplican información. De cada 10 horas, apenas 2,4 impactan directamente en el aprendizaje.

Lo cierto, es que la sensación de desbordamiento, no es nueva. Pero hasta ellos mismos se quedan sorprendidos cuando se le pone una cifra: “Sabían que era mucho, pero no sabían que era tanto”, nos cuenta Ezequiel Molina, especialista del Banco Mundial, institución que, desde su departamento de educación, ha promovido una metodología para ayudar a los directores y directoras de escuela a liberar tiempo para dedicar a tareas que realmente impacten en el aprendizaje de sus estudiantes.

“El liderazgo pedagógico tiene tres veces más impacto que la gestión administrativa”, recuerda Molina en entrevista para el Observatorio ProFuturo. La evidencia sobre qué funciona en una escuela es conocida. Cuando el director entra en el aula, observa clases y da retroalimentación concreta a los docentes, los resultados cambian. En algunos casos, ese cambio se traduce en medio año adicional de aprendizaje por curso. Pero, como bien sabemos, la dificultad no está en saberlo, sino en poder hacerlo.

Y es en este punto donde aparece la inteligencia artificial, no como herramienta para enseñar, sino como forma de reorganizar el tiempo. Informes que antes llevaban más de una hora pueden resolverse en minutos; el análisis de datos se acelera; tareas repetitivas se simplifican. El efecto inmediato es evidente. El interesante viene después.

“Dejan de pedirle a la IA que escriba por ellos y empiezan a usarla para pensar mejor”, explica Molina . Ese cambio de uso nos abre nuevas posibilidades: detectar patrones en los resultados de aprendizaje, consultar normativa de forma más ágil o preparar mejor la retroalimentación a los docentes. Pero, sobre todo, permite algo más básico: recuperar tiempo para volver al aula.

En esta entrevista, Ezequiel Molina, nos cuenta cómo desarrollaron la metodología que lo ha hecho posible, en qué consiste, cómo funciona y qué resultados les está dando. No te la pierdas.

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