¿Para qué educamos? ¿Qué sentido tiene hoy la escuela?¿Qué papel juegan los vínculos, los procesos y la tecnología en una sociedad obsesionada con los resultados? Estas son algunas de las preguntas que van surgiendo a lo largo de nuestra conversación con Carlos Magro, presidente de la Asociación Educación Abierta y experto en políticas educativas y transformación pedagógica.
A lo largo de la conversación, Magro nos invita a realizar un ejercicio profundo de reflexión colectiva sobre los fines de la educación. “Hasta que no tenemos claro el para qué, es difícil pensar en el cómo”, señala. Uno de los ejes centrales de su análisis es la crítica a una cultura escolar excesivamente centrada en la obtención de resultados, notas y certificados, en detrimento de los procesos de aprendizaje. Esta lógica, advierte, acaba por socavar lo más valioso del acto educativo: el acompañamiento, el desarrollo del pensamiento crítico y la construcción de una relación significativa con el conocimiento.
La entrevista también aborda los desafíos que plantea la integración de la tecnología en la escuela. Lejos de caer en entusiasmos simplificadores o rechazos reactivos, Magro sostiene que la tecnología no es, por sí sola, ni solución mágica ni amenaza inevitable. Subraya la urgencia de desarrollar una alfabetización crítica en tecnología —especialmente en relación con la inteligencia artificial generativa— que permita a docentes y estudiantes comprender y gestionar sus impactos en los procesos de enseñanza y aprendizaje.
En esta conversación, Carlos Magro no plantea recetas rápidas ni soluciones simples. Lo que propone es algo más complejo y necesario: mirar la educación desde otra perspectiva, una que priorice a las personas, los vínculos, los procesos, y que esté dispuesta a conversar sobre los problemas reales de la escuela contemporánea, sin esconderlos ni simplificarlos.
Este vídeo es una invitación abierta a docentes, familias, responsables educativos y estudiantes a repensar juntos qué educación queremos y necesitamos. Una conversación imprescindible, lúcida y comprometida, que nos recuerda que transformar la escuela empieza por devolverle su sentido.