Aprender en tierra de nadie

Las guerras, las crisis climáticas y los colapsos económicos se llevan con ellas la infancia de millones de niños que crecen lejos de sus casas y fuera de la escuela. ¿Cuáles son los principales problemas que afrontan estas niñas y niños? ¿Qué estamos haciendo por su educación? ¿Puede ayudar la tecnología? Lo vemos en este artículo.

Aprender en tierra de nadie

La cifra es conocida, pero sigue siendo difícil de dimensionar: cerca de 49 millones de niños están desplazados en el mundo por conflictos, violencia o desastres. De ellos, más de 19 millones han cruzado fronteras y viven como refugiados. Y una parte significativa está en edad escolar.

En poco más de una década, el número de niños y niñas desplazados casi se ha triplicado. Cada año, además, cientos de miles nacen ya en situación de refugio. Es decir: Nunca llegan a conocer la escuela en condiciones normales.

En ese contexto, la educación sigue siendo una de las principales brechas. Según Naciones Unidas, hoy hay unos 12,4 millones de niños refugiados en edad escolar, y casi la mitad (alrededor de 5,7 millones) no está escolarizada. Pero incluso esa cifra se queda corta para describir el problema. Porque no todos los que están dentro del sistema están realmente aprendiendo. A medida que avanzan en edad, la presencia se diluye: alrededor del 67% accede a primaria, pero solo el 37% continúa en secundaria y apenas un 9% llega a la educación superior.

La educación es una herramienta fundamental para el desarrollo de las niñas y niños refugiados. No solo es el recurso más valioso con el que se les puede dotar para su futuro. También es un camino para construir mejores sociedades. Así lo señala un informe de la Unesco que afirma que cerca de 170 millones de personas en el mundo podrían salir de la pobreza si los niños de los países más vulnerables salieran de la escuela con habilidades de lectura y escritura básicas, es decir, superados los primeros niveles de la educación primaria.

La educación salva vidas

En contextos de crisis, no todas las necesidades se ven igual. Algunas son inmediatas y visibles. Otras tardan más en percibirse, pero condicionan todo lo que viene después. La educación pertenece a este segundo grupo. Cuando los niños dejan de ir a la escuela, no solo interrumpen su aprendizaje: aumentan de forma directa los riesgos que enfrentan. Por ejemplo, cuando los niños no van a la escuela corren un mayor riesgo de ser víctimas de abuso, explotación y reclutamiento en grupos armados.

En medio de un conflicto, la educación se convierte en la prioridad de niñas y niños quienes, al ser preguntados por lo que más necesitan, contestan que quieren continuar con su educación. Y no es difícil entender por qué. Para estos niños, la escuela es un espacio donde estar a salvo. Donde hay adultos, rutinas, reglas. Donde el tiempo vuelve a significar algo. Para ellos, volver a clase es recuperar la continuidad que el conflicto ha interrumpido. Temen quedarse atrás, olvidar lo aprendido, no poder alcanzar nunca más el nivel de los otros niños.

En su informe La educación de los niños refugiados: una ventana al futuro, ACNUR enumera algunos de los beneficios que reporta la educación a estas niñas y niños:

  • Desarrollo personal: La escuela permite que los niños vuelvan a poner en marcha capacidades que el contexto había detenido. Aprender, descubrir en qué son buenos, desarrollar habilidades que no están marcadas únicamente por la supervivencia. Es también el punto de partida para imaginar un futuro posible.
  • Recuperación de la infancia: Asistir a clase devuelve algo más que contenidos. Introduce una rutina, un espacio reconocible, una forma de normalidad en medio de la inestabilidad. Permite a los niños volver a ocupar un lugar que no está definido por el conflicto.
  • Protección y seguridad: En entornos donde el riesgo forma parte del día a día, la escuela funciona como un espacio más seguro. Reduce la exposición a la violencia, a la explotación o a la presión de grupos armados, y ofrece la presencia de adultos que supervisan y acompañan.
  • Autonomía de las madres: Cuando los niños están en la escuela, las familias pueden reorganizar su tiempo. Las madres pueden trabajar, formarse o generar ingresos, lo que tiene un impacto directo en la supervivencia y estabilidad del hogar.
  • Liberación de los hermanos mayores: En ausencia de escuela, los hermanos mayores suelen asumir tareas de cuidado que interrumpen su propia educación. La escolarización de los más pequeños permite que recuperen ese recorrido y ganen autonomía.

Para los niños en contextos de crisis, la educación es protección, estabilidad y futuro. Y, sin embargo, sigue siendo una de las respuestas más débiles del sistema humanitario.

Las dificultades de la educación en entornos de refugio

El problema no es solo que muchos niños refugiados no accedan a la escuela. Es que, incluso cuando lo hacen, las condiciones en las que estudian están muy lejos de las que permitirían hablar de una educación en igualdad. La respuesta educativa en contextos de refugio suele construirse con urgencia, en entornos inestables y con recursos limitados. Eso hace que, en la práctica, el acceso no garantice ni calidad ni continuidad.

A esto se suma la presión constante sobre los sistemas de acogida. En muchos casos, las escuelas tienen que absorber en poco tiempo a una población creciente, con necesidades diversas y trayectorias educativas interrumpidas. No se trata de un único obstáculo, sino de una acumulación de barreras que se refuerzan entre sí: falta de recursos, limitaciones estructurales, condicionantes sociales y decisiones familiares marcadas por la supervivencia.

El resultado es un sistema que con dificultades persistentes para ofrecer una educación estable, inclusiva y de calidad. Estas son algunas de las principales:

  • Escasez de maestros: La demanda de maestros en los campamentos de refugiados es alta, y en muchos casos, ni siquiera con el apoyo de profesores voluntarios se logra cubrir las necesidades educativas. La falta de personal docente cualificado afecta la calidad de la educación que los niños reciben, dificultando su desarrollo académico y personal.
  • Aulas insuficientes y mal acondicionadas: Cada día se suman nuevos niños a las clases en los campamentos de refugiados, lo que crea la necesidad de construir más aulas. Estas aulas deben ser equipadas adecuadamente con pupitres, pizarras, letrinas y espacios adecuados para la limpieza y la higiene. Sin estas instalaciones, es difícil proporcionar un entorno de aprendizaje adecuado y seguro para los niños.
  • Falta de recursos alimentarios: Las escuelas para niños refugiados a menudo carecen del presupuesto necesario para proporcionar al menos una comida diaria o una merienda a los alumnos. La desnutrición y la falta de alimentos adecuados afectan negativamente la capacidad de los niños para concentrarse y aprender, además de impactar su salud general.
  • Ausencia de material escolar: Las donaciones y materiales reciclados que llegan a los campamentos son insuficientes. Muchos niños no tienen acceso a cuadernos, libros, lápices, pinturas de colores y otros artículos de uso habitual en la escuela. Además, carecen de uniformes y calzado, lo que puede afectar su autoestima y su deseo de asistir a la escuela.
  • Falta de actividades extraescolares: Los escasos recursos también impiden la realización de programas de actividades después de la jornada escolar. Estas actividades podrían ser beneficiosas para el desarrollo social y emocional de los niños, proporcionando un uso constructivo de su tiempo libre y ayudándolos a olvidar, al menos temporalmente, las dificultades de su situación.
  • Discriminación: En algunos casos, las familias evitan que sus hijos asistan a las escuelas de los campamentos de refugiados para evitar que compartan espacio con personas de diferentes creencias o ideologías. Esta discriminación puede limitar las oportunidades educativas de los niños y perpetuar la intolerancia y el conflicto.
  • Percepciones culturales negativas sobre la educación: Algunos padres no valoran la educación, especialmente cuando se trata de niñas. Ignoran los llamamientos de los organismos de atención para que sus hijos asistan a las escuelas de los campamentos de refugiados. Los maestros deben luchar contra muchos prejuicios que aún persisten sobre la educación y los métodos de enseñanza, lo que dificulta la inclusión de todos los niños en el sistema educativo.
  • Matrimonios precoces y embarazos: Los embarazos precoces y los matrimonios de niñas o adolescentes patrocinados por sus familias son obstáculos significativos para que los adolescentes se sumen a los programas educativos para refugiados. Al convertirse en madres o esposas, las niñas y adolescentes ven reducidas significativamente sus opciones educativas, lo que perpetúa el ciclo de pobreza y falta de oportunidades.

La educación es una herramienta fundamental para el desarrollo de las niñas y niños refugiados. No solo es el recurso más valioso con el que se les puede dotar para su futuro. También es un camino para construir mejores sociedades.

Educación digital: una nueva esperanza

En contextos especialmente complejos y vulnerables, la tecnología y la educación digital pueden ayudar superar algunas de las barreras que los niños y niñas enfrentan cada día. Ahora bien, ¿cómo sacar el máximo provecho de estas tecnologías? ¿Cómo pueden contribuir a la solución de estos problemas y obstáculos?

En su informe A Lifeline to Learning: Leveraging Technology to Support Education for Refugees, la UNESCO analiza más de 90 proyectos y concluye que la tecnología puede ayudar a abordar desafíos clave: barreras lingüísticas y de alfabetización, trauma y aislamiento, falta de preparación docente, escasez de recursos educativos adecuados y dificultades en certificación y reconocimiento de aprendizajes.

Según este análisis de UNESCO y la experiencia de organizaciones como Save the Children así como ACNUR y la propia Fundación ProFuturo, que llevan años trabajando juntas sobre el terreno,  ¿qué factores debemos tener en cuenta a la hora de diseñar un programa de educación digital que responda a las necesidades de estas niñas y niños?

Evaluar la situación de emergencia

Cuando hablamos de educación digital, las características de la emergencia que tenemos ante nosotros nos ayudarán a valorar y a determinar si es factible utilizar la tecnología y, en su caso, cómo y qué tecnología puede ser la más útil. Por ejemplo, ¿cuánto tiempo se prevé que duré la interrupción del aprendizaje? ¿Pueden asistir a la escuela? ¿Tienen acceso a la educación formal? ¿Hay electricidad? ¿Y profesores que puedan ayudar a los niños? ¿Hay internet y datos? La respuesta a estas preguntas nos ayudará a saber cómo usar la tecnología para facilitar el aprendizaje de los niños y qué contenidos es preciso reforzar.

Necesidades de aprendizaje de niñas y niños

Debemos entender el punto de partida: qué han vivido, en qué momento de su trayectoria educativa se encuentran y qué necesitan para continuar aprendiendo. Esto incluye también el apoyo psicosocial, clave en contextos de desplazamiento.

Necesidades, valores y expectativas de las familias

En cada contexto de emergencia hay que evaluar y comprender lo que las familias quieren y necesitan. Tenemos que entender las expectativas de las familias sobre aprendizaje y cómo estas ven y están dispuestas a utilizar la tecnología en el hogar.

La tecnología no es suficiente

Los enfoques centrados únicamente en dispositivos o plataformas no funcionan. La educación en estos contextos requiere respuestas integrales que tengan en cuenta factores sociales, culturales, económicos y educativos.

Formación y apoyo al profesorado

Sin docentes preparados, la tecnología no sirve de nada. La formación debe ir más allá de lo técnico y ayudar a redefinir la enseñanza en condiciones complejas. Además, las actitudes del profesorado hacia la tecnología pueden ser una barrera más relevante que la propia falta de competencias.

Competencias digitales y globales

El desarrollo de habilidades digitales, pensamiento crítico o trabajo en equipo no solo abre oportunidades futuras, sino que permite a los propios estudiantes generar soluciones adaptadas a su realidad.

Educar para la paz

Por otro lado, si bien es cierto que la educación no provoca las guerras, ni acaba con ellas, los sistemas educativos contribuyen, a menudo, a crear condiciones propicias para el desencadenamiento de un conflicto armado y también pueden coadyuvar a la creación de sociedades más pacíficas, cohesionadas y resistentes, evitando así el retorno de la violencia. Por eso, la educación para la paz y para la ciudadanía global es tan importante hoy en día como las Matemáticas o la lectoescritura. Pensamiento crítico, colaboración, trabajo en equipo… Porque necesitamos ciudadanos comprometidos con la paz. Hoy más que nunca.

 

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