Cómo enseñar a enseñar a un docente que empieza

En este artículo repasamos con Miguel Costa, director de relaciones institucionales de Empieza por Educar, cómo podemos preparar adecuadamente a los docentes noveles para enseñar (especialmente en entornos vulnerables), a partir de la observación de clases y la recogida de evidencias.

Cómo enseñar a enseñar a un docente que empieza

¿Están los docentes noveles preparados para enseñar nada más terminar sus estudios? Pasar de las aulas de la universidad al ejercicio autónomo de la profesión en solo unas pocas semanas es una especie de “salto al vacío sin red” que se produce en muy pocos ámbitos profesionales y que, sin embargo, es el día a día de la profesión docente.

Metorización docente.

Los docentes noveles deben dotarse de herramientas para generar un aprendizaje significativo en su estudiantes. Imagen: rawpixel.com para Freepik.

Los docentes deben aprender a gestionar el aula, a motivar al alumnado, a hacer buenas preguntas… Tienen que dotarse, en definitiva, de las herramientas didácticas, pedagógicas, metodológicas para enseñar y generar un buen aprendizaje, un aprendizaje que sea significativo para los estudiantes. Aprender la profesión.

El acompañamiento y la mentorización basados en la recogida de evidencias mediante la observación de clases se utiliza con éxito, desde hace tiempo, en numerosos países de la OCDE. Este acompañamiento se hace aún más necesario en el caso de entornos vulnerables, donde los docentes deben enfrentarse al doble reto de empezar su carrera profesional en un contexto en el que los alumnos experimentan dificultades añadidas.

En Empieza por Educar (ExE) llevan casi 15 años liderando un programa de desarrollo profesional docente, que dota a los profesores noveles de competencias y herramientas pedagógicas para enseñar en entornos vulnerables. ¿Cómo lo hacen? A través del acompañamiento y la mentorización por parte de un profesor experto. En el Observatorio ProFuturo hemos hablado de todo ello con Miguel Costa, director de relaciones institucionales de ExE. Esto es lo que nos ha contado.

El acompañamiento y la mentorización basados en la recogida de evidencias mediante la observación de clases se utiliza con éxito, desde hace tiempo, en numerosos países de la OCDE.

La mentorización permite explicitar y socializar el conocimiento de los docentes expertos

“El acompañamiento, la mentorización que debería recibir un docente que está empezando y que se enfrenta por primera vez a la realidad de las aulas, debería venir siempre de un profesor con experiencia en el entorno, en el contexto en el que se va a llevar a cabo la práctica”. Este profesor, que lleva 10 o 15 años enseñando, ha acumulado una experiencia y un conocimiento que muchas veces es implícito. Ni siquiera son conscientes de lo que saben. “Este proceso de mentorización es muy interesante porque permite que ese conocimiento se haga explícito, permite que haya un espacio de socialización donde el docente con experiencia puede transmitir su conocimiento al docente que está empezando”.

Observación de clases: recolectando evidencias

¿Cómo deberíamos hacer ese acompañamiento o esta mentorización? Para mí, el aprendizaje tiene que suceder dentro del aula. Y por lo tanto nosotros trabajamos en la observación directa de clases: el profesor con más experiencia, el mentor, debería entrar en las aulas de los profesores noveles, observar lo que allí ocurre y recoger evidencias para, posteriormente, tener una conversación con ese docente novel. En esta conversación hablarán de lo que está funcionando y lo que no. Y de cómo potenciar lo que funciona y cómo trabajar para convertir sus debilidades en fortalezas.

Para hacer esto es muy importante que ese mentor o mentora esté convenientemente formado. “Los mentores, los tutores de los futuros docentes, tienen que estar formados en esa observación, en esa recogida de evidencias, en ese análisis del trabajo, tanto de los estudiantes como del docente; y también tienen que estar formados para que esas conversaciones posteriores, ese acompañamiento, se haga de un modo empático. Para que el nuevo docente no entienda que se le está juzgando, que se le está evaluando, que se le está, en cierto modo, supervisando. Porque no se trata de eso, se trata de establecer una relación de confianza, de trabajar de forma empática y asertiva con la persona a la que estás acompañando para hacerle ver cuestiones que ocurren en el aula y que, muchas veces, son difíciles de percibir por la persona que está dando clase”.

Enseñando a los mentores a observar y a dar feedback

¿Cómo aprender a observar? ¿En qué debemos fijarnos? ¿Cómo evitar los juicios de valor? No es fácil porque “hay que tener en cuenta que cada docente tiene su propio estilo y todo lo que se sale de ese estilo siempre le va a parecer algo mejorable. Siempre que vemos una clase de otro, lo primero que haces es pensar cómo lo harías tú”. Por ello, Miguel Costa recomienda estructurar la recogida de evidencias. Estructurar el análisis de las fortalezas y de las áreas de mejora: “lo primero es que el nuevo mentor entienda que no se trata de hacer juicios de valor ni de opinar sobre lo que están viendo en clase, se trata de recoger evidencias”.

Una plantilla de observación

¿Qué trabajo están desarrollando los estudiantes? ¿Qué porcentaje de estudiantes están haciendo lo que se les pide? ¿Cómo es la comunicación verbal o no verbal del docente? ¿Qué nivel de rigor hay en la explicación o en las actividades que se están llevando a cabo en clase? Todo eso se tiene que recoger de un modo totalmente neutro. “Nosotros, lo que le pedimos a nuestros mentores es que anoten en una plantilla de observación lo que está ocurriendo en clase, pero de un modo totalmente neutro, incluso anotando en qué minuto se produce cada cuestión”.

Primero, lo positivo

Una vez que hemos trabajado con los mentores esa recogida de evidencias, llega la segunda parte, que es cómo trabajamos el feedback constructivo para que el profesor que lo recibe no se sienta juzgado. “Por ejemplo, una norma bastante extendida cuando hablamos de procesos de monitorización, es que en el feedback tiene que haber dos o tres cuestiones positivas antes de entrar en las áreas de mejora para que haya también una reflexión profunda de qué estoy haciendo bien y qué me permite hacerlo.

Aprender a formular las preguntas adecuadas

Por último, hay que llegar al fondo de la cuestión, ir a los factores subyacentes: “Si un profesor no consigue gestionar el aula, hay que entender por qué ocurre esto. Puede ser que me preocupa y me da miedo enfrentarme a mis estudiantes. Puede ser que no crea en las propias reglas que yo he puesto o que son las que se siguen en mi instituto. Puede ser que tengo un perfil más tímido y me incomoda muchísimo el conflicto. Hay que llegar al fondo de la cuestión”. Por ello, el mentor tiene que estar formado “para hacer las preguntas adecuadas”. Esto es muy importante. No se trata de dar instrucciones al profesor que empieza, se trata de hacer las preguntas adecuadas para que él reflexione sobre su propio desempeño.


Es importante aprender a separar lo que genera aprendizaje verdadero y lo que no lo hace.

Cómo debe ser un buen programa de mentorización

Profesionales adecuados con una buena formación

Un buen programa de mentorización tiene que contar con los profesionales adecuados y, además, debe tener una buena formación de mentores. “Una formación que sea muy sólida, tanto desde el punto de vista del marco teórico como de la formación práctica, para que esos profes con experiencia aprendan a mentorizar a otros”.

Un marco didáctico

Debe existir, además, un buen marco didáctico que complemente la experiencia de los docentes. “Los profesores con experiencia tienen las estrategias que a ellos les han funcionado históricamente; pero necesitan, también, ampliar sus conocimientos en didácticas y en metodologías educativas, y esa formación tiene que ser compartida con los profes que están empezando”, explica Costa.

Educación basada en evidencias: saber separar lo que funciona de lo que no

Por último, es importante aprender a separar lo que genera aprendizaje verdadero y significativo de lo que no lo hace. Es el fenómeno de la educación basada en evidencias. “Este es un movimiento que cada vez está adquiriendo más fuerza. Cada vez más, tenemos que analizar lo que ocurre en las clases para separar cuáles son aquellas estrategias, aquellas dinámicas, aquellas aproximaciones que generan aprendizaje de verdad y cuáles pueden ser muy divertidas, muy entretenidas, muy espectaculares, pero al final no generan aprendizaje. Por eso, mentores y mentorizados deben partir siempre de la base de que lo relevante es generar aprendizaje en sus estudiantes, generar desarrollo tanto académico como personal en sus estudiantes. Y eso hay que saber medirlo, hay que saber observarlo y hay que tener claro cuándo se produce y cuándo no. Cualquier programa de mentorización tiene que incorporar este factor de entender y separar qué es lo que funciona en un aula y qué no”.

Imagen de portada: pch.vector on Freepik .

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