Tecnología educativa para la equidad: evidencias de impacto de ProFuturo en América Latina

¿Puede una intervención digital mejorar efectivamente los aprendizajes en contextos vulnerables y fortalecer las competencias docentes a gran escala? El programa ProFuturo trabaja para lograr este objetivo en nueve países de América Latina. En un estudio reciente, la Fundación SUMMA desarrolla una mirada de evaluación para entender el alcance, efectos y condiciones de implementación del programa. Los resultados muestran evidencia promisoria sobre el impacto positivo que ProFuturo está teniendo en la región. En este artículo, Dante Castillo-Canales, director de políticas y prácticas innovadoras en educación de SUMMA, presenta los principales hallazgos y reflexiona sobre sus implicaciones para las políticas educativas en la región.

Tecnología educativa para la equidad: evidencias de impacto de ProFuturo en América Latina

ProFuturo impactoDurante los últimos años, la promesa de transformar la educación a través de la tecnología ha generado tanto entusiasmo como escepticismo. Algunos subrayan su capacidad para que los docentes puedan innovar en sus prácticas pedagógicas, otros en cambio, advierten que no existe evidencia robusta que respalde que la tecnología genera mejoras concretas en el aprendizaje, sobre todo en contextos vulnerables. En América Latina —una región marcada por desigualdades profundas en el acceso y la calidad educativa—, esta discusión resulta más relevante que nunca.

En este contexto, el Programa ProFuturo, impulsado por Fundación Telefónica y Fundación La Caixa, lleva casi nueve años trabajando por alcanzar este ambicioso objetivo: llevar innovación pedagógica basada en tecnología digital a comunidades educativas de entornos vulnerables. Desde su creación en 2016, el programa opera en la región bajo dos modalidades de intervención: un Modelo Integral, que trabaja directamente en las escuelas; y un Modelo Abierto, enfocado en el desarrollo profesional de los docentes a través de cursos de formación en línea.

La pregunta surge de inmediato: ¿qué y cuánto impacto ha tenido realmente este esfuerzo en la mejora de los aprendizajes de los estudiantes y en la situación de las escuelas participantes del programa? Para responder, la Fundación SUMMA lideró en 2024 un estudio exhaustivo que buscó medir —con herramientas rigurosas— los efectos del programa en distintos países de la región. Esta evaluación ha sido realizada por el equipo de investigación de SUMMA, integrado por Dante Castillo-Canales, María José Sepúlveda, Nuvia Rosas Zambrano, Nicolás Caglevic y Lucas González Biedma. Agradecemos profundamente su trabajo riguroso y comprometido a lo largo de todo el proceso.

El informe (a ser publicado prontamente) aporta evidencia sobre los avances logrados, al tiempo que ofrece pistas valiosas para pensar cómo escalar, adaptar y fortalecer este tipo de iniciativas.

¿Qué ofrecen los dos modelos de intervención?

El estudio desarrollado por SUMMA tuvo como objetivo identificar evidencia rigurosa y confiable sobre los efectos de ProFuturo en contextos educativos de América Latina.

Antes de entrar en los métodos utilizados, es clave entender qué son exactamente el Modelo Integral y el Modelo Abierto, los dos enfoques con los que el programa trabaja en terreno y en función de los cuales se ha organizado este estudio.

El Modelo Integral se implementa directamente en escuelas. Involucra la entrega de equipamiento tecnológico (como tablets y proyectores), conectividad, recursos digitales y, sobre todo, formación para los docentes en el uso pedagógico de estas herramientas. Su enfoque es sistémico: busca transformar la experiencia de enseñanza-aprendizaje en cada escuela, apoyando tanto a docentes como a equipos directivos. Está pensado para generar cambios estructurales y sostenidos.

El Modelo Abierto, por su parte, apuesta por la formación digital a gran escala. Está dirigido a docentes que acceden voluntariamente a una oferta de cursos virtuales sobre competencias digitales y prácticas pedagógicas innovadoras. No requiere intervención directa en las escuelas ni entrega de equipamiento, lo que facilita su capacidad de escalamiento y llegar rápidamente a comunidades docentes muy diversas, incluso en zonas remotas o fuera del sistema formal.

Un apunte metodológico

Para evaluar los efectos del Programa ProFuturo, se analizaron bases administrativas nacionales, resultados de evaluaciones estandarizadas, información interna del programa y, en el caso del Modelo Abierto, autoevaluaciones realizadas por los docentes.

Además, se aplicó una combinación de metodologías cuasiexperimentales que permitieron comparar a escuelas y docentes que participaron en ProFuturo con escuelas y docentes que no lo hicieron. Se usaron técnicas como el Propensity Score Matching, que asegurar la comparabilidad entre los grupos, y el análisis de Diferencias en Diferencias, que ayuda a aislar el efecto del programa a lo largo del tiempo.

Como hemos mencionado, el estudio se organizó en base a dos grandes bloques que buscaban identificar el impacto de ambos modelos:

  • El Modelo Integral, donde se analizaron los resultados de escuelas de Chile, Brasil, Perú y Ecuador, con foco en los aprendizajes estudiantiles y otros indicadores escolares como asistencia y matrícula.
  • El Modelo Abierto, desplegado en nueve países, y orientado a la formación digital de docentes a través de cursos en línea.

 

En una región donde muchas veces las innovaciones educativas quedan atrapadas en la lógica del piloto, ProFuturo representa una apuesta decidida por el escalamiento con sentido pedagógico.

Modelo Integral: señales de impacto y oportunidades de mejora

El análisis del Modelo Integral pretendía responder a tres grandes preguntas: ¿existen señales de que este modelo de intervención mejora el aprendizaje de los estudiantes en la región? ¿Qué efecto tiene este modelo en indicadores como la tasa de matriculación, de aprobación y asistencia escolar? ¿Qué factores concretos de ProFuturo parecen estar más relacionados con esta mejoras? El análisis, en el que participaron 1.277 centros educativos de cuatro países –Chile (55 escuelas), Brasil (759), Perú (347) y Ecuador (116), arroja resultados que, si bien deben leerse con cautela, muestran tendencias positivas y consistentes, especialmente en Chile y Brasil. Esto es, existe evidencia promisoria de que el Modelo Integral está generando efectos positivos a nivel de aprendizaje en las escuelas donde se implementa.

Chile: un avance notable en competencias básicas

Entre 2018 y 2023, las escuelas chilenas participantes del programa evidenciaron mejoras significativas en las pruebas oficiales nacionales de Matemáticas y Lectoescritura. La magnitud de esta mejora  es cercana a 0,4 desviaciones estándar en Matemáticas y 0,3 en Lectoescritura, lo que representa un incremento de casi 12 puntos más en la prueba SIMCE (Sistema de Medición de la Calidad de la Educación) que las escuelas del grupo control en las mediciones de Matemáticas. Sin embargo, ni la matrícula ni la tasa de aprobación mostraron variaciones estadísticamente relevantes. Esto podría explicarse por la reducida cantidad de centros participantes, que dificulta la posibilidad de extraer conclusiones definitivas. Un punto interesante es que las escuelas que demostraron un mejor cuidado del equipamiento tecnológico consiguieron un efecto adicional en Matemáticas, lo que sugiere que el uso responsable de los recursos va de la mano con un entorno educativo más sólido.

Brasil: efecto transversal en el aula

El caso de Brasil exhibe un panorama robusto. Los resultados de las pruebas de Matemáticas y Lectoescritura en los últimos grados de primaria (entre 11 y 14 años) crecieron con fuerza, llegando a 0,4 y 0,6 desviaciones estándar, respectivamente. La práctica lo deja claro: mientras las escuelas de control retrocedieron ligeramente en algunos indicadores, las que participaron del programa alcanzaron avances de más de 14 puntos en Matemáticas y 23 en Lectoescritura, un salto que habla de un impacto significativo. Además, la tasa de aprobación también aumentó, y en algunos centros se registró un alza significativa en la matrícula, a veces de hasta 140 estudiantes en el periodo analizado. En la mayoría de los casos, una integración tecnológica constante y un equipo docente comprometido parecen ser la clave que explica este buen desempeño.

Perú: la matrícula como indicio de fidelidad

La experiencia peruana presenta matices distintos. Aunque las pruebas oficiales de Matemáticas y Lectoescritura (en 2º y 4º de primaria) apuntan a mejoras leves, estas no llegaron a ser estadísticamente concluyentes. La cara más visible del posible impacto apareció en la matrícula escolar: muchos de los colegios que recibieron la intervención añadieron entre 37 y 55 estudiantes respecto a centros similares sin intervención. El análisis sugiere que el factor decisivo estuvo en el uso regular de la tecnología y la motivación de los docentes, que lograron conectar con el alumnado y sus familias, fortaleciendo la relación con la escuela.

Ecuador: resistencia en tiempos difíciles

En el caso de Ecuador es difícil estimar los efectos de cualquier intervención debido a que no se cuenta con mediciones censales nacionales que evalúen aprendizajes. Aun así, el análisis de la evolución de la matricula muestra que las escuelas que participaron en la iniciativa han perdido menos estudiantes que el promedio nacional, con una diferencia estimada de entre 14 y 17 alumnos, que no es estadísticamente concluyente. Pese a todo, factores como el apoyo de los directivos y el cuidado de los recursos tecnológicos aparecieron asociados a una menor caída de la matrícula. Este atisbo de resiliencia señala que, incluso en entornos adversos, ciertas prácticas pueden hacer frente a la deserción.

En términos generales, la evidencia muestra que entre los factores que podrían explicar los resultados positivos logrados por el programa, se encuentran la integración efectiva y con foco pedagógico de la tecnología en el aula, el cuidado del equipamiento, el compromiso de los equipos directivos y, de manera destacada, la motivación del cuerpo docente.

Modelo Abierto: cuando el desarrollo docente impulsa la transformación digital

A diferencia del Modelo Integral, que trabaja directamente con los centros educativos, el Modelo Abierto de ProFuturo pone el foco en la formación docente a gran escala. Su premisa es simple: mejorar la educación comienza por fortalecer a quienes están al frente del aula. Por ello, el análisis del Modelo Abierto se centró en identificar evidencia promisoria sobre el impacto del Programa en el desarrollo de competencias digitales docentes.

El estudio de SUMMA analizó los datos de más de 1,1 millones de docentes que participaron en cursos del Modelo Abierto entre 2018 y 2024, provenientes de nueve países de la región: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, México, Perú, Uruguay y Venezuela. El análisis utilizó la información proveniente de la Autoevaluación de Competencias Digitales, una “encuesta autoaplicada” que permite a cada docente valorar su nivel de apropiación tecnológica en tres dimensiones: pedagogía, ciudadanía digital y desarrollo profesional, y los datos sobre cursos realizados.

La investigación se centró en dos modelos de análisis. El primero contempló a quienes disponían de una sola autoevaluación, a fin de evaluar la relación entre la cantidad  de cursos completados (y con ello la cantidad de horas en formación) y el nivel de competencias digitales reportadas. El segundo se focalizó en el grupo de docentes con dos autoevaluaciones en momentos distintos, lo que permitió comparar la evolución de quienes realizaron cursos entre ambas mediciones frente a quienes no lo hicieron. Aunque la falta de datos previos a la intervención impidió establecer una estimación robusta del efecto del programa, este enfoque brindó una aproximación preliminar del impacto potencial del Modelo Abierto en la mejora de las competencias digitales. Veamos los resultados.

A más cursos, mayor competencia digital

El primer modelo reflejó una correlación positiva y estadísticamente significativa entre el número de cursos y las horas de formación y los niveles de competencia digital reportados por los docentes. Aquellos con más tiempo invertido en la plataforma de ProFuturo tendieron a ubicarse en niveles de Familiarización o Adaptación más altos, e incluso mostraron aproximaciones a la fase de Integración en las tres dimensiones: Pedagogía, Ciudadanía y Desarrollo Profesional. La edad surgió como una variable inversamente relacionada con los puntajes, pues los docentes de mayor antigüedad en el ejercicio profesional, en promedio, reportaron menores niveles de dominio digital, mientras que los hombres declararon un desempeño ligeramente superior al de las mujeres. El nivel educativo resultó ser un factor importante que acompañó los mayores puntajes, de modo que quienes poseían formación universitaria avanzada tendieron a autoevaluarse en niveles de competencias más altas.

Diferencias por país

El análisis reveló que Argentina y Chile contaban con puntajes iniciales más altos, pese a tener un menor número de docentes que continuaron realizando cursos de manera sostenida. En contraste, Perú y Ecuador registraron puntajes promedio más bajos, aunque sus tasas de fidelización fueron muy elevadas, con una proporción considerable de docentes completando 10 o más cursos. Estos contrastes plantean interrogantes acerca de la relación existente entre formación continua, competencia declarada y transformación concreta de las prácticas pedagógicas. Relevan así la necesidad de ampliar y profundizar el estudio del Modelo Abierto para identificar factores culturales, políticos y de infraestructura que propicien o limiten la aplicación práctica de las habilidades digitales y la innovación pedagógica.

Más allá de los números: ¿qué factores marcan la diferencia?

Uno de los aportes más valiosos del estudio de SUMMA no ha sido solo mostrar qué resultados se observan en los centros y docentes que participan en ProFuturo, sino también por qué. En otras palabras: ¿qué elementos de la implementación del programa parecen explicar los efectos positivos observados?

A lo largo de los distintos países y contextos analizados, emergen de forma consistente una serie de factores críticos de éxito, que permiten entender por qué algunas escuelas o docentes logran aprovechar mejor las oportunidades del programa:

Integración de la tecnología con foco en las prácticas pedagógicas

Una vez más se demuestra que las escuelas donde la tecnología se integra de forma estructurada al proceso pedagógico —no como accesorio, sino como parte del diseño de enseñanza— son las que muestran mejores resultados.

Cuidado y mantenimiento del equipamiento

Puede parecer un detalle logístico, pero es fundamental. El cuidado del equipamiento entregado por ProFuturo se relaciona directamente con mejores desempeños, especialmente en matemáticas, donde se ha venido usando una plataforma de aprendizaje que ayuda a los docentes a gestionar su práctica de aula. En los casos exitosos, los equipos están disponibles, funcionan bien y son usados con regularidad. En cambio, cuando los recursos están deteriorados o mal gestionados, el potencial del programa se diluye.

Liderazgo escolar y compromiso del equipo directivo

Las escuelas con mejores resultados son aquellas donde los líderes escolares no solo apoyan la implementación del programa, sino que lo asumen como una prioridad institucional. Su involucración no solo genera una cultura de compromiso que permea a todo el equipo docente, sino que tiende a instalarse como una política del centro educativo.

Motivación docente

Un hallazgo interesante es que la motivación del profesorado en general (participante o no) también influye en los resultados del centro educativo. En escuelas donde se respira un clima de entusiasmo por innovar, los impactos del programa tienden a ser mayores. Esto refuerza la importancia de construir comunidades educativas cohesionadas, donde el cambio sea un proyecto compartido.

Formación docente continua y contextualizada

Ligado a lo anterior, tanto en el Modelo Integral como en el Abierto, la formación docente aparece como un pilar clave. No se trata solo de brindar contenidos, sino de ofrecer una formación que esté alineada con las realidades locales, que sea flexible, pertinente y que acompañe la apropiación crítica de las tecnologías. En este sentido, el Modelo Abierto muestra un enorme potencial: su capacidad de ampliar la formación a gran escala sin perder relevancia local. Este es quizás el mayor desafío en procesos de formación docente a escala.

Lo que sabemos, lo que intuimos y lo que falta por saber

El estudio concluye con un balance ponderado. Hay señales claras de que ProFuturo está generando cambios positivos en ciertos contextos y bajo ciertas condiciones. Pero también hay una advertencia implícita: el impacto no es automático ni uniforme. Depende de cómo se implementa, de quién lo lidera, y de cómo se lo apropia la comunidad educativa.

Esto deja varias lecciones:

  • La tecnología no es una solución mágica, pero puede ser una palanca poderosa si se inserta en estrategias pedagógicas claras.
  • La formación docente es un motor silencioso de cualquier transformación educativa duradera.
  • El liderazgo escolar y el compromiso institucional marcan la diferencia entre un programa que se implementa “de forma burocrática” y uno que se vive como una oportunidad de mejora genuina.

Recomendaciones de futuro: hacia una evaluación más robusta y estratégica

El estudio propone una serie de recomendaciones clave para orientar los siguientes pasos de ProFuturo y, por extensión, de otras iniciativas similares en la región:

Diseñar una evaluación de impacto más rigurosa

El estudio actual ofrece evidencia prometedora, pero parcial. Para confirmar los hallazgos y comprender mejor los mecanismos de cambio, es preciso avanzar hacia evaluaciones con mayor poder estadístico, líneas de base claras y seguimiento longitudinal.

Profundizar en estudios de caso y análisis cualitativos

Los números cuentan una parte de la historia. Para entender cómo se implementa ProFuturo en la práctica, qué barreras enfrentan las escuelas, qué estrategias funcionan mejor, se necesita escuchar las voces de los docentes, directivos y estudiantes. El enfoque cualitativo es clave para enriquecer la comprensión de los procesos.

Fortalecer las Teorías de Cambio

El estudio muestra que existen variaciones locales del programa en acción, según el país y el contexto. Será necesario construir una Teoría de Cambio consensuada, clara y coherente, que sirva de brújula común para la planificación, el monitoreo y la evaluación.

Invertir en infraestructura de datos educativos

Una de las mayores dificultades del estudio fue acceder a datos homogéneos y comparables entre países. Si queremos avanzar hacia políticas informadas en evidencia, los sistemas educativos nacionales deben mejorar la calidad y disponibilidad de sus datos, incluyendo indicadores de aprendizaje, matrícula, retención y equidad.

Promover comunidades de mejora y redes de aprendizaje

Finalmente, el estudio recomienda que ProFuturo continúe apostando por una lógica de mejora continua y colaboración horizontal. Iniciativas como las Comunidades de Mejora en Red (NIC) permiten que las escuelas aprendan unas de otras, compartan estrategias y construyan conocimiento colectivo.

Una apuesta por la transformación real y simbólica

En una región donde muchas veces las innovaciones educativas quedan atrapadas en la lógica del piloto, ProFuturo representa una apuesta decidida por el escalamiento con sentido pedagógico. No se trata de entregar tablets o hacer cursos por cumplir metas, sino de transformar las experiencias educativas de docentes y estudiantes desde la base; esto es, con tecnología al servicio de un propósito pedagógico.

Este estudio no ofrece respuestas definitivas, pero sí abre el camino para una conversación más honesta y basada en evidencia sobre lo que funciona, lo que no, y lo que podemos mejorar. Y eso, en sí mismo, ya es un paso fundamental.

 

 

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