Cristiano Ruiz
Alumno de la escuela Municipal Kanata T-Ykua, en el Amazonas brasileño

Alumno de la escuela Municipal Kanata T-Ykua, en el Amazonas brasileño

La Escuela Municipal Kanata T-Ykua se sostiene entre selva y río con la ilusión de una comunidad que cree firmemente que la educación es su mejor herramienta para viajar al futuro. Un futuro que conecta la tradición con lo global, el relato oral con la tecnología más sofisticada, y que hace realidad la igualdad de oportunidades para niñas y niños de las poblaciones más desfavorecidas.
Tras asearse, vestirse y desayunar plátano frito cultivado en su comunidad, Cristiano coge la mochila, sale de su pequeña casa de madera y pone rumbo a la escuela, atravesando un bosque todavía húmedo por el rocío de la noche. Hace una pausa para saludar a sus antepasados, enterrados en el cementerio local. «Nuestros abuelos nos protegen», dice el niño mientras reemprende el rumbo a clase.
Las matemáticas son más fáciles que cualquier otra cosa, mucho más que el idioma kambeba. Me encantan
Cristiano está en cuarto y ya sabe leer y escribir. En clase, juega e interactúa con sus compañeros, pero siempre obedeciendo las reglas y sin desafiar al maestro. La escuela indígena trabaja mezclando el conocimiento tradicional, que se transmite de generación en generación, con un plan de estudios convencional. «Nuestra gente tiene una tradición oral muy fuerte, por lo que hacemos proyectos de narración de cuentos que resumen las historias de Curupira, la Ma- dre de la Selva, Boto…», dice Raimundo, que además de director de la escuela también es uno de los responsables de la revitalización de la lengua kambeba. «Con el tiempo, estas historias se olvidan, pero los niños necesitan conocerlas. También aprovechamos la oportunidad para trabajar en el conocimiento de las herramientas tradicionales de caza y pesca de los pueblos indígenas».

La de Cristiano no es una historia ajena a la pandemia. Brasil es uno de los países latinoamericanos que más ha sufrido las consecuencias de la covid-19. UNICEF señala que las familias con niños, niñas o adolescentes fueron las más afectadas por la crisis. Los confinamientos y el parón de las clases presenciales han disparado la tasa de deserción escolar: según un estudio de Datafolha, el 8,4 % de los estudiantes a partir de 6 años matriculados antes de la pandemia (4 millones aprox.) han abandonado los centros de enseñanza.
Amazonas, el estado donde vive Cristiano, fue el primero en reabrir los colegios públicos tras cinco meses cerrados. Por suerte, el pequeño tuvo la oportunidad de volver lo antes posible a su rutina. Ojalá su historia vuelva también a la normalidad y pueda seguir sin interrupciones el camino al futuro que se merece.