Raimundo Cruz
Director de la Escuela Indígena Municipal Kanata T-Ykua, en Manaos (Brasil)

Director de la Escuela Indígena Municipal Kanata T-Ykua, en Manaos (Brasil)
La educación corre por mis venas desde que tengo memoria. Empecé a compartir mis conocimientos a los 14 años y nunca me he imaginado haciendo otra cosa
Con el paso del tiempo, el salón de mi madre se nos quedó pequeño. La comunidad se movilizó y construyó una pequeña escuela de 50 metros cuadrados hecha de madera, con dos aulas minúsculas. Sin baño, sin lavabo, sin cocina, sin nada. Mi padre luchaba por mejorar las condiciones con el apoyo de toda la comunidad. Aunque yo ya tenía algo de formación, los gestores públicos eran muy reticentes a confiar en la capacidad de un joven indígena para ser profesor.
En 2013, tras años de lucha, las cosas habían mejorado bastante. El ayuntamiento construyó un nuevo edificio para nuestra escuela, con dos aulas, cuartos de baño, cocina, comedor, sala de informática y todo lo necesario.

En la actualidad, los buenos resultados de los alumnos reflejan nuestro trabajo. Hace años que logramos la meta del 100 % de aprobados, y el desempeño del alumnado en las evaluaciones es excelente. Nuestro método educativo ya ha salido en revistas y en la televisión, e incluso nos visitó un equipo de la Universidad de Columbia para conocer nuestro método de educación bilingüe en portugués y kambeba.
Lo primero que trabajamos en el aula son los conocimientos tradicionales de nuestro pueblo, el conocimiento que los niños tienen de su propia realidad. Después de eso, introducimos el plan de estudios tradicional con las otras asignaturas obligatorias. Las clases son unitarias, con niños y niñas de varios grupos de edad que aprenden jugando, felices. Es una educación intercultural en la que queremos trabajar los conocimientos tradicionales y universales y preparar a los alumnos para el mundo que les espera.
En nuestra escuela hemos desarrollado varios proyectos pedagógicos. Este año, hemos trabajado en un proyecto de cuentacuentos con historias del folclore amazónico como el Boto, la Mãe do mato, el Curupira… Todas esas antiguas historias se transmiten oralmente y acaban cayendo en el olvido, pero los niños necesitan conocerlas.
También les enseñamos a utilizar utensilios de caza y pesca del pueblo indígena. El arco, la cerbatana, el arco y las flechas… Otro proyecto trata sobre las plantas medicinales. Mi madre es una verdadera experta en ese ámbito y elabora todo tipo de medicamentos. Estos conocimientos también corrían el riesgo de caer en el olvido.
Lo del arco y las flechas fue genial. Los niños participaron en un gran proyecto y, al final, entraron en la Selección brasileña de tiro con arco. Decían que harían falta ocho años de práctica para llegar a ese nivel, pero en ocho meses ya lo habían conseguido.
Hoy en día, la Administración entiende mejor nuestro proceso educativo y nuestro planteamiento intercultural. Además, el programa ProFuturo ha supuesto una aportación muy positiva y nos ha dado mucha libertad. Podemos compaginar nuestros conocimientos con los materiales de la plataforma y hemos ganado autonomía para elaborar clases y contenidos diferenciados, adaptados a nuestra lengua, nuestra historia y nuestro pueblo.
Con ProFuturo, hemos conseguido una plataforma donde almacenar nuestras clases, algo fundamental. Gran parte de los conocimientos tradicionales de la educación indígena se transmiten de una generación a otra. Muchas de nuestras bibliotecas vivas ya no están con nosotros, hemos perdido mucho. Sin embargo, ahora y gracias a la plataforma, podemos archivarlo todo para usarlo en el futuro. Podemos reorganizarnos y planificarnos según nuestro propio sistema.
Hoy en día, la escuela ofrece Educación Infantil y el primer ciclo de la Educación Primaria (del 1º al 5º curso). El segundo ciclo y la Educación Secundaria se imparten en otra escuela estatal, que también forma parte de la comunidad, pero no lo gestionamos nosotros. Entretanto, seguimos movilizándonos para ampliar la oferta educativa. Queremos que nuestros niños se formen y, si pueden, que incluso se vayan a estudiar fuera, a la ciudad. Que se vayan para después volver y ayudar a su pueblo.