Pensamiento crítico: una vacuna contra la infoxicación

En un mundo que parece tener todas las respuestas, ¿quién hace las preguntas? Saber hacernos las preguntas adecuadas es vital porque nos permite expandir nuestro conocimiento y nuestra comprensión del mundo que nos rodea. Nos ayuda a desafiar nuestras suposiciones, a considerar diferentes perspectivas y a desarrollar nuestra capacidad de pensar crítica y creativamente. En este artículo hablamos del pensamiento crítico, una habilidad que ha adquirido una importancia fundamental en los últimos años.

Pensamiento crítico: una vacuna contra la infoxicación

Párate un momento y reflexiona. ¿Cuándo fue la última vez que te hiciste una pregunta? Pero una pregunta de las buenas. De las del sentido de la vida. Vale. Bajemos un poco la intensidad. ¿Cuándo fue la última vez que te cuestionaste algo? Algo sencillo. Por ejemplo, los resultados de tu última búsqueda de internet. Y ahora, voy a hacerte la misma pregunta que alguien muy importante me hizo hace no mucho. “Mamá, ¿tú cómo sabes que lo que piensas es verdad?”.

En un mundo de “verdades alternativas” e infoxicación, donde proliferan las noticias falsas amplificadas hasta el infinito por el altavoz de las redes sociales, el pensamiento crítico se ha convertido en una de las habilidades más importantes (si no la más) que debemos aprender y enseñar en las escuelas. De hecho, en 2020, el pensamiento crítico y la resolución de problemas encabezaban la lista de habilidades más importantes para el Foro Económico Mundial, también conocido como el Foro de Davos. El problema es que no suele estar muy presente en nuestras vidas. ¿Un ejemplo?

En 2022, la investigación Los estudiantes de Secundaria y la alfabetización mediática en la era de la desinformación, de la Universidad Carlos III de Madrid, destacaba que los estudiantes de secundaria se informan principalmente a través de las redes sociales, la televisión y sus grupos de familia o amigos; que tienen dificultades para discriminar entre información y opinión; y que, a pesar de que se consideran capaces de diferenciar entre noticias y bulos, más de la mitad no distinguen entre una noticia falsa y una real. Según el profesorado de algunos de estos centros, existe entre los estudiantes un consumo mediático acrítico potenciado por el consumo compulsivo de lo audiovisual y lo digital.

Así las cosas, ¿están las y los estudiantes hoy en día preparados para afrontar el volumen creciente de información que caracteriza a nuestra sociedad? ¿Está respondiendo la escuela a este reto? ¿Qué es el pensamiento crítico y cómo puede enseñarse?

Según un estudio de la UC3M los estudiantes de secundaria tienen dificultades para discriminar entre información y opinión y, a pesar de que se consideran capaces de diferenciar entre noticias y bulos, más de la mitad no distingue entre una noticia falsa y una real.

¿Qué es el pensamiento crítico?

El pensamiento crítico es un proceso mental que involucra analizar, evaluar y sintetizar información para llegar a una conclusión bien razonada y fundamentada. Implica cuestionar la información que se recibe, evaluarla con un enfoque objetivo y considerar múltiples perspectivas antes de tomar una decisión o adoptar una postura. También implica ser capaz de identificar falacias y argumentos poco sólidos y de detectar suposiciones y prejuicios que puedan estar influyendo en la forma en que se piensa o se razona.

Supongamos, por ejemplo, que leemos en internet un artículo sobre un nuevo tratamiento médico que afirma curar una enfermedad en particular. Antes de aceptar esta información como verdadera, usaríamos el pensamiento crítico para evaluar la calidad de la información. Así, podríamos preguntarnos: ¿De dónde proviene esta información? ¿Quién escribió el artículo y cuáles son sus credenciales? ¿Existen estudios o investigaciones que respalden esta afirmación? ¿Ha sido aprobado por agencias reguladoras médicas? ¿Existen opiniones o perspectivas alternativas sobre este tratamiento?

Al hacernos estas preguntas y buscar respuestas confiables y verificables, podremos evaluar la calidad de la información y formarnos una opinión informada sobre el tratamiento.

Y ¿el pensamiento crítico nace o se hace? ¿Puede aprenderse? Por supuesto que sí. Para algunos expertos, como el doctor en Biología y director de la Cátedra de Neuroeducación de la Universidad de Barcelona, David Bueno, los bebés ya nacen con cierta capacidad de pensamiento crítico que vamos perdiendo con la edad. Lo explicamos con un experimento.

Ofrezcámosle a un niño cualquier objeto sencillo: por ejemplo, un plato (de material irrompible, por favor), y enseñémosle cómo se utiliza. Automáticamente, empezará a experimentar con él de todas las maneras posibles. Habrá observado el uso que hacen del plato los adultos y lo utilizará para fingir que come; también experimentará con el plato (lo tirará al suelo para ver qué ocurre, se lo pondrá en la cabeza como si fuera un sombrero, lo golpeará contra la mesa…) y le encontrará mil usos diferentes al que nosotros le hayamos mostrado. La niña o el niño están usando el pensamiento crítico. ¿Cómo? Analizando la estructura y la consistencia de lo que le hemos transmitido como verdadero para juzgar, inferir y evaluar.

Entonces, ¿por qué dejamos de usarlo? Según Bueno, el motivo de este cambio es simple, y responde a una cierta lógica biológica: utilizar constantemente el pensamiento crítico a través del razonamiento, la lógica filosófica y el método científico es una tarea que consume muchos recursos cerebrales, y poco a poco, con la edad, hay que dedicarse también a otras tareas.

Pensamiento crítico

Imagen de bluelela en Freepick.

Así las cosas, ¿qué podemos hacer para desarrollar el pensamiento crítico y poder usarlo a lo largo de toda la vida? En primer lugar, y siguiendo la lógica de Bueno, debemos hacer todo lo posible por incentivarlo desde niños, “ayudarles a que no dejen de pensar críticamente”. La filosofía ayuda. Como disciplina que busca comprender el mundo que nos rodea y reflexionar sobre él. La filosofía, entre otras muchas cosas, implica formularnos preguntas profundas y trascendentales sobre la naturaleza de la realidad y el conocimiento. Y en ese sentido, los niños son grandes filósofos. Porque la filosofía nace del asombro y ese es el estado natural en el que viven los niños: el asombro y la búsqueda de respuestas ante todo lo que les rodea: ¿por qué existimos? ¿Qué hacemos aquí? ¿Qué pasa cuando morimos? ¿Qué es la justicia y quién decide qué es justo?

Como explican muy bien en este artículo, filosofía e infancia es un binomio no solo posible sino también deseable. Hacer filosofar a los niños es una excelente manera de hacerles que se paren a pensar, a mirar, a reflexionar y a cuestionarse las cosas. La pedagogía de la pregunta en lugar de la pedagogía de la respuesta.

Podemos ayudarles con lecturas y cuentos (por ejemplo, El Principito puede ser una buena forma de hablar sobre temas como la amistad, la soledad y el sentido de la vida); promover discusiones en grupo (en las que, además, aprenden a respetar opiniones ajenas, incluso si no está de acuerdo con ellas); utilizar juegos de rol que les ayuden a entender conceptos filosóficos de una forma más concreta, y, como veremos a continuación, usar las artes, en sus muchas manifestaciones.


Para fomentar el pensamiento crítico en niñas y niños podemos ayudarles con cuentos, promover discusiones en grupo y usar las artes es sus muchas manifestaciones.

Las artes y el pensamiento filosófico y crítico

Las artes pueden ser también una valiosa herramienta para el desarrollo del pensamiento filosófico. Reflexionar sobre, por ejemplo, obras de arte, música, literatura y cine puede llevar a preguntas filosóficas y a una mayor comprensión de los temas éticos, estéticos. Además, la filosofía y las artes tienen en común a búsqueda de nuevas perspectivas y la exploración de nuevas ideas. Las artes pueden ayudar a desarrollar la creatividad y la capacidad de imaginar soluciones innovadoras a problemas filosóficos y sociales. No es casualidad que muchos grandes artistas fueran también grandes pensadores.

Las artes pueden ayudar a los estudiantes a entender diferentes perspectivas, culturas y formas de vida, lo que puede fomentar la empatía y la comprensión intercultural. La empatía es una habilidad clave en la filosofía, ya que ayuda a los estudiantes a entender los puntos de vista de los demás y a comprender los argumentos desde diferentes perspectivas.

En este sentido, David Bueno considera que las actividades relacionadas con la música y las artes plásticas deberían ser el tronco principal de la educación infantil y al menos los primeros cursos de primaria, a partir de las cuales se trabajarán todos los otros aspectos también necesarios del conocimiento.

¿Cómo enseñar el pensamiento crítico en las escuelas?

Como hemos dicho, y a pesar de esa habilidad innata de niños y niñas pequeñas para plantearse preguntas que debe ser fomentada y desarrollada, el desarrollo del pensamiento crítico requiere de una enseñanza deliberada, sistemática y explícita, y la escuela se perfila como uno de los mejores espacios para desarrollar estas habilidades.

Algunas metodologías que fomentan este tipo de pensamiento son el aprendizaje por descubrimiento, enfoque pedagógico en el que son los propios estudiantes los que quienes, a través de investigaciones y resoluciones de problemas, van a lograr el aprendizaje final que se espera obtengan con su trabajo; el aprendizaje basado en la indagación, una metodología activa que adapta el método científico para que los estudiantes construyan su propio conocimiento sobre cierto contenido, y el aprendizaje basado en el pensamiento, que enseña a los alumnos a pensar, razonar, tomar decisiones y construir su propio aprendizaje a través del trabajo de los temas del currículo.

A continuación, enumeramos algunas formas de enseñar pensamiento crítico en las escuelas:

  1. Enseñar habilidades de análisis y evaluación: los y las docentes pueden enseñar a los estudiantes a analizar y evaluar la información que reciben. Esto puede implicar enseñarles a hacer preguntas críticas sobre esta información, identificar suposiciones subyacentes, evaluar la validez de las fuentes y reconocer sesgos.
  2. Fomentar la discusión y el debate: la discusión y el debate en el aula pueden ser una excelente manera de fomentar el pensamiento crítico en los estudiantes. Los profesores pueden presentar a los estudiantes perspectivas alternativas sobre un tema y fomentar la discusión y el debate sobre los argumentos presentados.
  3. Enseñar pensamiento creativo: el pensamiento crítico y creativo van de la mano. Los maestros pueden enseñar a los estudiantes a pensar fuera de la caja, a considerar múltiples perspectivas y a buscar soluciones creativas a los problemas.
  4. Enseñar habilidades de resolución de problemas: los educadores pueden enseñar a los estudiantes a resolver problemas de manera efectiva utilizando un enfoque sistemático. Esto puede implicar enseñar a los estudiantes a identificar el problema, generar soluciones alternativas y evaluar las posibles soluciones.
  5. Integrar la tecnología: la tecnología puede ser una herramienta muy valiosa para fomentar el pensamiento crítico en los estudiantes. Los profesores pueden usar herramientas como la búsqueda online, el análisis de datos y la creación de contenido para ayudar a los estudiantes a desarrollar habilidades críticas.

El pensamiento crítico es una habilidad esencial para enfrentar los desafíos complejos de la sociedad del futuro y fomentar un futuro más justo, equitativo e innovador. Fomentar su desarrollo en las escuelas será el favor más grande que podemos hacer a las próximas generaciones. Enseñémosles a cuestionarse el mundo para que puedan mejorarlo.

Referencias

Bueno, David. Septiembre de 2018. ¿Se puede aprender a pensar críticamente? El Diario de la Educación. Recuperado en https://eldiariodelaeducacion.com/2018/09/25/se-puede-aprender-a-pensar-criticamente/

Foto de portada: storyset para Freepick.

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